No olvides que te amo 

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RELATOS DE VIDA

Por un buen tiempo estuvo tranquilo, esperando que algo pasara, que se abriera un hilo de luz, escuchar algún ruido o una voz que le pudieran dar pistas del espacio que ocupaba para poder gritar y que lo hallaran, aunque no tenía prisa porque no sentía hambre o dolor, solo calma. Sus sentidos se apagaron, todo era oscuridad y silencio, tenía rato que no detectaba olores ni tampoco percibía sabor en la boca, solo tenía incertidumbre por saber en dónde se encontraba.

—Está ahí desde hace dos horas, no traía consigo pertenencias, eso ha impedido la comunicación con algún conocido o familiar—  escuchó a un hombre, al parecer mayor, que caminaba con un grupo de personas que parloteaban en cierto tono de respeto e incertidumbre.

De manera inmediata, otra voz, ahora más joven, cuestionó:

—¿En qué condiciones está?, ¿lo podemos ver? 

—A eso han venido, la verdadera pregunta es si están preparados para hacerlo— contestó el adulto mayor.

Los pasos se acercaron a él,  después vino el sonido semejante al del abrir el cajón de una gaveta de oficina y enseguida las exclamaciones:

—¡No puede ser! 

—¡Es él! 

—¿Cómo pasó esto? 

—Ayer gozaba del baile y las mujeres, se le veía feliz.

Después de los comentarios, regresó el silencio.

Pasó otro lapso de tiempo más, indescriptiblemente permanecía en calma pero con dudas, y nuevamente más sonidos, ahora era música, risas, el chocar de las copas y algunas personas hablando.

Comenzó a recordar la melodía, justo era la que escuchaba y con la que bailaba antes de quedar con los sentidos apagados; luego alcanzó a percibir gritos, quizá una pelea, y entre tanto ruido distinguió la voz de una mujer decir:

—¡Ya déjalo, sólo estamos bailando!—  y el silencio regresó.

Pese a la escena que le parecía familiar, mantenía la calma, y en otro lapso de tiempo que no alcanzaba a medir, otra vez surgieron voces.

—¡Ya déjalo, ya fue suficiente, toma el celular y la cartera y vámonos! 

El silencio volvió, pero ahora acompañado de dolor, no sabía describirlo pero estaba seguro de que se sentía de una manera diferente, ahora comprendía aquello que le decían, eso de que  “el cuerpo tiene memoria”.

Otra vez regresaron las primeras voces, se percibían furiosos.

—Esto no se va a quedar así, ahora mismo iremos a buscar a ese maldito— para este momento, el silencio ya era normal y le agradaba.

Luego alcanzó a escuchar una nueva voz, era aún más familiar para él, estaba llorando, se notaba afligida. Era una mujer, quien se acercó demasiado al oído:

—Te estuve esperando sentada en el sillón mientras rezaba el rosario, no estaba segura si te encontraría, ahora lo hice, no olvides que te amo.

Y recordó todo. Salió a tomar unos tragos con unos amigos. Estaba en una cantina en el centro de la ciudad. Ya entonado invitó a bailar a una chica que le coqueteó desde el primer momento en el que entró al lugar. Intercambiaron nombres y risas. Cada recuerdo era más intenso, hasta que sintió un jalón y enseguida el golpe en la cara, ese trancazo que lo tiró.

Tumbado en el piso, un hombre estaba encima propinándole puñetazos sin poder defenderse, aguantó lo más que pudo hasta que llegó la oscuridad…

¡No olvides que te amo! Escuchó de nuevo y la luz volvió, observó a su madre agachada frente un cajón recién sacado de una gaveta, mirando el cuerpo de su hijo magullado, con sangre que había escapado por unos cuantos orificios. 

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