Milagro

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MEMENTO

“Milagro es la magia y la fuerza al querer juntar nuestro poder buscando sostener la raíz de nuestra propia unión, puedes descreer de lo que no conoces”
Milagro – A.N.I.M.A.L.

La palabra milagro viene del latín miraculum, que significa literalmente “cosa admirable” o “algo que causa asombro”. Mirari significa “admirarse”, “asombrarse”, y el sufijo culum indica instrumento o resultado. Entonces, miraculum es, en origen, “aquello que provoca admiración”, no necesariamente algo sobrenatural. Con el tiempo, sobre todo bajo la influencia del pensamiento religioso, el término se cargó de sentido y pasó a significar un hecho extraordinario atribuido a la intervención divina. El milagro no empieza como ruptura de las leyes naturales, sino como ruptura de la costumbre. Es decir, primero sorprende y luego se explica.

El milagro no es lo imposible, es lo que todavía no se ha vuelto cotidiano. La vida y la cotidianidad nos llevan cada vez a ser menos impresionables, lo que antes parecía fantástico, con el avance de la ciencia y la tecnología, y con la manera tan veloz de adaptarnos a ella, las cosas resultan cada vez menos milagrosas.

Fue un milagro llegar a la luna hace casi sesenta años. Las construcciones de la antigüedad pueden verse como un milagro. Fue un milagro descubrir el fuego, y así podríamos hacer una lista sumamente larga de acontecimientos o inventos.

Vi a unos padres presumiendo cómo su niña de un año podía manipular el teléfono celular y, al fondo, escuché a una señora diciendo: “es que los niños ya vienen con otro chip”. No señora, no. No, papás, no. Lo que hace la niña no es un milagro. Es el resultado del esfuerzo de muchas personas para crear un aparato que puede ser tan intuitivo.

Hace algunos años pudo ser milagroso el tan solo usar una palanca para mover una piedra. Imaginen una enorme roca que ni el más fuerte podría mover y que llegara alguien y, con tan solo un palo colocado de manera estratégica, pudiera hacerlo. Debió ser deslumbrante.

Aún me gusta ver actos de magia. Hace poco vi un video de cómo una persona adivina la carta que eligió otra utilizando solo un péndulo. Aún me pregunto qué sucedió. Mi mente tiene mil respuestas, pero he preferido guardar ese recuerdo como la posibilidad de la existencia de la “magia”.

Recuerdo la anécdota (quizá inventada) que se cuenta de la proyección de los hermanos Lumière. Se dice que el público, mientras se proyectaba “La llegada de un tren a la estación de La Ciotat”, huyó aterrorizado del auditorio cuando una locomotora de vapor se acercaba a ellos. Hoy, en el cine, pocas cosas nos impactan, a pesar de las proyecciones en tercera dimensión. Lo más parecido que recuerdo es la proyección holográfica de Michael Jackson en la entrega de los premios Billboard.

Mi Awe se ponía muy contenta al hacer videollamadas. Ella vivió la comunicación desde el correo, el telégrafo, la telefonía, la telefonía móvil y, al final, poder ver a una persona querida a través de un aparato en casi cualquier parte del mundo era un milagro.

El uso de los relojes con los que El Santo se comunicaba con Blue Demon se quedó corto. Hace unos meses me eché un maratón de películas de James Bond, en las que 007 hacía uso de artilugios que en su momento parecían milagrosos. Y no hablo del Bond de Sean Connery, no, hablo del de Pierce Brosnan de hace un par de décadas. Esa tecnología –junto a la de El Santo– se quedó obsoleta, se queda corta. Hoy en día podemos tener, ya no en la palma de la mano, en la punta del dedo toda una oficina móvil.

La conseja de hoy

No perdamos esa capacidad de asombro. Aún es un milagro la vida, este mundo y la gente que lo habita. Todo ello es un conjunto de incógnitas. Y, como decían mis tíos: “Qué milanesa, que no bisteces”, que traducido al español significa: “Qué milagro, que no te veía”.

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