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México: nueva disputa por la nación

Pablo Vargas
5 Min de Lectura

FORO ABIERTO

En 2024 ya no va estar en la boleta Andrés Manuel López Obrador, un líder con gran capacidad de convocatoria social, pero las elecciones serán un gran referéndum, es decir, con toda la campaña contra su gobierno, de la Cuarta Transformación (4T), los mexicanos pueden optar a favor o en contra. Los que estuvieron criticando las acciones y estilo de AMLO, pueden rechazar a quienes encabezan las candidaturas de Morena; o por el contrario, pueden ratificar la manera en que se gobernó. No hay de otra. Tal vez una tercera opción que surgió por el rechazo a la polarización, pero sin que pueda mellar las dos grandes coaliciones.

Es muy cierto, en seis años no se puede cambiar un país con grandes desigualdades sociales y problemas de gran envergadura como la seguridad pública; los servicios de salud, la gran corrupción existente por décadas, pero se hizo lo que era casi imposible: derrotar el viejo sistema político e iniciar una difícil reconstrucción del poder, de las instituciones y de las formas de participación. Eso tal vez para algunos no sea mucho, pero para otros hace la diferencia.

El 2018 fue el parteaguas social y político, la caída de un gobierno que integró a los tres grandes partidos tradicionales, cuajado por el “Pacto por México” (PRI, PAN, PRD), encabezado por Enrique Peña Nieto, marcó el inicio del fin de toda una época de gobiernos orientados a beneficiar a las minorías, y dejando de lado o en segundo término a las demandas de las mayorías, caracterizado por el bandidaje de una clase política parasitaria.

López Obrador, desde el 2006 entendió la esencia de la confrontación histórica y social de México, retomó el avance de 1988 con Cuauhtémoc Cárdenas, se cobijó con las banderas de la izquierda al proyectar un programa alternativo de nación, con la coalición de izquierda “Por el Bien de Todos”, pero fue derrotado por el viejo régimen con prácticas ilegales y fraudulentas; pero lo más grave fue la “guerra sucia” y la polarización que sembraron los magnates. En 2012 se repitió el revés con la complicidad de “Los Chuchos”, del PRD, beneficiarios del “Pacto por México”.

Hoy, en 2024, se vuelven a enfrentar dos proyectos de nación. Los que pretenden el regreso del régimen gobernado por élites económicas (PRIAN) que solo benefician a unos cuantos, de los grandes negocios, del “capitalismo de cuates”, de la justicia para los pudientes o bien; la continuación de un gobierno que demostró que desde el Estado puede controlar la corrupción, que puede distribuir los recursos públicos, que reivindicó a millones de personas con los incentivos económicos, con compromiso social frente a los problemas nacionales.

Con todo, el balance no puede ser tan espectacular, como todo gobierno, el de AMLO es de logros y claroscuros. Nada que ver como lo pintan sus adversarios como un “dictador” y un tirano. Son seis años de arduos trabajos, de reconstruir el gobierno, de desmantelar las redes de corrupción, de enfrentar a los magnates. Tal vez en este punto, el viejo régimen aún no ha muerto, pues persisten redes políticas donde no se encuentra el cambio, algunas instituciones o el poder judicial donde se concentraron los enemigos al nuevo gobierno.

Tal vez se haya hecho poco, pero fue diferente a los gobiernos del PRIAN. Aquí radica la clave fundamental. Se trata de un primer capítulo del proyecto alternativo de nación denominado Cuarta Transformación, y eso es lo que abre la esperanza para millones de mexicanos que aspiran a reconstruir un país mejor, menos corrupto y menos desigual. Sin AMLO la tarea será más ardua y difícil.

Hoy, como en 2018, la gran movilización se realiza desde las organizaciones básicas de la sociedad, trabajadores del campo y la ciudad, estudiantes, mujeres, indígenas, y se orienta por Morena, un movimiento amplio que no representa aún los intereses auténticos de izquierda democrática, pero eso es un capítulo aparte. 

Las bases de Morena tienen que hacer justicia y ponerse a la altura para que los cambios sean verdaderos y que su organización sea verdaderamente representativa de las bases y de la 4T. 

Eso es lo que se disputa en México.

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