IGUALDAD SUSTANTIVA, EMPODERAMIENTO EFECTIVO
Las recientes investigaciones realizadas en México por el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM sobre las dinámicas familiares y sociales, basadas en datos estadísticos, destacan cambios significativos en la estructura y comportamiento de las familias mexicanas.
Según Verónica Montes de Oca del IIS, uno de los cambios más relevantes es la notable reducción en la tasa de fecundidad, que pasó de siete hijos por mujer en los años 60 a aproximadamente 1.6 en la actualidad. Este fenómeno refleja transformaciones sociales y educativas, pues las mujeres con menor escolaridad tienden a tener más hijos, como se evidenció tras analizar bases de datos desde 1912 hasta 1978.
Además, investigaciones del IIS muestran que las emociones y relaciones afectivas dentro del núcleo familiar también han sido estudiadas mediante encuestas a gran escala, como la Encuesta Nacional sobre Dinámicas de las Familias de 2005, donde se encontró que el afecto que reciben las madres proviene en su mayoría de sus propios hijos, abuelas y esposos, variando según la edad.
Estas investigaciones del IIS muestran cómo las tendencias demográficas y las estructuras familiares están en constante cambio, influenciadas por factores educativos, socioeconómicos y culturales, y subrayan la importancia de los datos estadísticos para comprender mejor la realidad social del país.
El impacto de los cambios significativos en la estructura y comportamiento familiar en términos de desigualdad de género, revela múltiples dimensiones que merecen atención, estos hallazgos proporcionan un marco para entender cómo las transformaciones en las dinámicas familiares pueden influir en la reproducción y profundización de las desigualdades de género, o en su mitigación.
La notable reducción en la tasa de fecundidad, que pasó de siete hijos por mujer en los años 60 a aproximadamente 1.6 en la actualidad, refleja cambios en las condiciones sociales, educativas y económicas. Sin embargo, esta tendencia no beneficia de manera uniforme a todos los grupos sociales, pues las mujeres con menor escolaridad tienden a tener más hijos, lo que puede traducirse en mayores dificultades para acceder a oportunidades educativas y laborales, perpetuando ciclos de desigualdad de género y pobreza.
La disminución en la fecundidad, si bien puede asociarse con mayor autonomía reproductiva, también puede acarrear una concentración de recursos y poder en ciertos grupos socioeconómicos que controlan las decisiones familiares, reforzando desigualdades existentes.
Por otro lado, los cambios en las relaciones afectivas dentro de la familia, con mayor reconocimiento del cariño de hijos, abuelas y esposos, reflejan una transformación en los roles tradicionales de género y en las dinámicas de cuidado. No obstante, si estos cambios generan una distribución desigual de las tareas y mayor carga emocional para las mujeres, pueden perpetuar desigualdades sociales y en el reconocimiento de los roles de género.
La percepción del afecto y apoyo varía según género, edad y nivel socioeconómico, manteniendo desigualdades en recursos emocionales y económicos. Además, las condiciones de convivencia, influenciadas por el nivel socioeconómico y el tamaño del hogar, afectan las oportunidades y la reproducción de desigualdades, hogares más acomodados y con menos miembros tienden a promover mayor igualdad, mientras que, en hogares con menos recursos y más integrantes, las responsabilidades tradicionales se refuerzan, limitando el desarrollo de las mujeres.
En conclusión, los cambios en la estructura y comportamiento familiar en México tienen un impacto complejo en la desigualdad de género, si bien existen avances que pueden favorecer una mayor autonomía y reconocimiento de roles diversos, persisten desafíos que pueden profundizar las desigualdades, especialmente para los grupos más vulnerables.



