Lo que hemos aprendido 

Más Leídas

Un adulto responsable 

“Yo sí estaba en onda… Pero luego cambiaron la onda. 
Ahora la onda que traigo no es onda y la onda de
 onda me parece muy mala onda… Y te va a pasar a ti”
Frase de Abraham Simpson

En ocho semanas habré cumplido 30 años, y cuando empecé mi columna, ese evento parecía tan lejano, que ni me había dado el tiempo de reflexionar sobre lo que he aprendido desde que me convertí en adulto, siempre con golpes de la vida incluidos.

Quizá la principal lección que me gusta recordar es que uno jamás va a recibir lo mismo que da (ya sea poco o mucho) pero lo que entregas es lo que eres, y cuando de verdad donas algo con el corazón en la mano, no necesitas ni un poquito de recompensa.

También comprendí que los amigos no son eternos y que, por el contrario, es demasiado sencillo perderlos. Que una amistad puede trascender todo tipo de barreras, siempre que haya voluntad de ambas partes por mantener a flote la relación. Y que a veces lo más sano es terminar una amistad o dejarla ir, porque alguno de los dos ya no aporta nada significativo para la vida de la otra persona.

Aprendí igualmente que el aparentar no deja nunca nada bueno, que si puedes encontrar una buena oferta, no lo desaproveches y que si alguien te ofrece algo regalado o en una especie de trueque (ya sea por tu tiempo o tus atenciones), lo aceptes, porque te está dando un pedacito de él o ella, algo que puede parecer insignificante pero en realidad tiene un gran valor.

Descifré que no hay tiempo que perder, pero que las cosas que valen la pena se construyen con tiempo, paciencia y sacrificios, y en ese contexto, me encanta la frase “para crear se necesitan siglos y gigantes; para destruir, un enano y un segundo” de San Agustín de Hipona. 

Entendí que los consejos que nos da la gente no es por querer molestar, muchas veces es porque ellos mismos ya lo vivieron y sienten que es su obligación advertirte cómo lograr lo que estás buscando o sobre la pésima decisión que podrías tomar.

Y escuchar, creo que eso también es importante… Como adulto, si no aprendes a escuchar y a poner en práctica, estás perdido. Todos hacemos las cosas como mejor creemos que se deben hacer, pero no todos lo hacemos de la misma forma, por eso es importante prestar atención y armar nuestra propia forma de hacer algo… Lavar trastes, los trámites burocráticos, las confrontaciones, el miedo al rechazo, los ejemplos son infinitos… Escucha a la gente para saber formar tu propio criterio y quédate con lo mejor de cada mundo, de cada mente.

Aprendí también que amar es un milagro y conseguir ser elegido también lo es, pero que el hecho de querer con todas tus fuerzas que alguien se interese por ti románticamente solo lo alejará, por lo que debes centrarte en ti y en las personas que moverían su mundo por apoyarte cuando el tuyo se desmorone en grandes pedazos.

Y hablando de eso, aprendí la lección de la reciprocidad, que tienes obligación de velar por los que velan por ti, de entregar ayuda y sacrificio por los que siempre están, y de hacer comunidad con la gente, de acercarte al novato para enseñar y cooperar con todo aquello que pase en tu camino, porque cada persona podría abrirte camino cuando de pronto se te cierren las puertas.

Voy intentando dejar el ego atrás, aprender de todos y nunca dejar de soñar, de tener planes, de buscar ser feliz, de encontrar la paz que siempre he buscado y de tratar de dar lo mejor de mí.

Nota: Desde aquí, todo mi apoyo a la cultura de Hidalgo, que está viviendo días oscuros, como siempre, pero ahora oscuros como el chapopote.

Autor

- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img

Últimas noticias