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Hidalgo
martes, enero 27, 2026
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Leve como el suspiro del aire

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LAGUNA DE VOCES

Manejaba el aire con sus manos, y hacía que girara en forma de remolino, de olas que pasaban frágiles pero rítmicas en la sala de espera, el comedor, el jardín. Era aire ella misma, cuando los árboles susurraban viejas canciones para celebrar su paso, el día que decidió esfumarse para unirse a millones de personas amantes de las nubes, el espacio y el fondo melódico de las estrellas.

Así que desde el primer día fue aceptada la condición única de que, tarde o temprano, desaparecería sin dejar rastro de ella, porque así son las cosas de la vida, y con bastante regularidad lo más pleno de misterio acaba por no decepcionarnos, aunque a veces, hay que confesarlo, es todo lo contrario.

Muchas veces se hizo aire cuando sus pasos empezaban a ser eco lejano, como si volara, como si se evaporara al ritmo cadencioso de las mañanas, las tardes, las noches. Era una manía respetada, porque no hay como contar con una maga del viento.

Pero tenía que pasar, y un día que nadie recuerda, pasó de ser una simple brisa, a un fantasma, que luego entonces hablaría de muerte, a diferencia del aire que todos conocen y respetan sin que eso sea temor.

Digamos que se quedó un tiempo en calidad de fantasma, para luego volver a desaparecer y quedarse como un susurro en tardes frías, ese que ulula en los marcos de las puertas mal selladas, las rendijas de los ladrillos. 

De algún modo todos tenemos esa vocación de hacernos eternos con pequeños detalles, como sentarnos en el mismo lugar del comedor, del restaurante a donde vamos con bastante regularidad, del centro laboral, del autobús.

Un día nos hacemos suspiro, es decir aire de nuevo.

Otros aseguran que la última vez que se hizo remolino, juró no volver nunca más, que la nada absoluta sería su destino. Pero regresó, porque sin aire nadie vive, absolutamente nadie, y luego entonces se hizo vital para vivir.

Mil gracias, hasta mañana.

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