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Hidalgo
miércoles, febrero 26, 2025

La vida es una canción bien distorsionada

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UN ADULTO RESPONSABLE

“Ni las canciones de Heavy Metal tienen tanto

odio y desprecio como las de Paquita. Q.E.P.D.”

Frase de @rthur013 en X

Ahí estaba yo, oyendo a gente desconocida cantar canciones que nadie se sabía y que aparte, sonaban mal por el pésimo equipo que proporcionaron nuestros anfitriones. No importaba, no estaba ahí por ellos, yo quería ver a mi grupo favorito de aquel momento, ese por el que mis papás pagaron boleto dos veces (así es, el primero lo perdí). Y sí, por fin salieron; conocí sus caras y su estilo para vestirse. Para mí, el cómo se llamaban y qué instrumento tocaba cada quién, eran (y son hasta ahora) datos irrelevantes. La primera canción fue un fiasco total, ni siquiera iban por la mitad cuando decidieron hacer un cambio en el equipo y entonces sí, ya con el sonido adecuado, cantaron todos sus éxitos, mientras yo disfrutaba del slam, del coro con desconocidos y de saltar tanto como mis piernas preparatorianas me lo permitieron.

Pocas veces soy tan feliz como cuando escucho en vivo mis canciones favoritas. Tras ese primer concierto, mis metas se fueron, cada vez, un poquito más arriba, y cuando pude pagar mis boletos o visitaba la CDMX o procuraba estar más cerca de los artistas.

Hoy todo es mucho más caro y ahora uno debe ser selectivo, aunque he de confesar que hay tres agrupaciones que son mi debilidad y que por ellos pagaría cada año, si pudiera.

Por otro lado, creo absolutamente en la desconexión, en el hecho de que el celular solo estorba cuando se trata de escuchar la música en directo, de sentir la vibra del momento, de cantar a todo pulmón. Tal vez haya muchas personas interesadas en llevarse el recuerdo de un evento que no saben cuándo se va a repetir o que pretenden presumir que lograron su sueño; pero en mi opinión, ese acontecimiento único se guarda en la cabeza y en el corazón.

A pesar de todo, aún tengo metas musicales por cumplir, me gustaría ver a muchos de mis ídolos. Por supuesto, los que siguen vivos.

Ya con esa última frase me di a conocer y lo escribo sin pena: soy fan de los baladistas, de los que hicieron carrera desde los 70’s. Sí, de Juan Gabriel (a quien vi en uno de sus últimos 10 conciertos), de José José, de Leo Dan…

Aunque sí escucho mucha música “moderna”, ojalá se me haga cantar “El Rey Azul”, “Soldado del amor” o “Cómo te va mi amor” en vivo muy pronto.


De disfrutar la música

Si le preguntas a la gente cuál es su película favorita, muchos te sabrían decir sin pensarlo siquiera. Con la música es un poco más difícil, sin embargo, encontré en la voz de Alessandra Rosaldo y los teclados de “Chacho” Gaytán, mi lugar en este mundo y puedo contar con absoluta seguridad que “Escríbeme en el cielo” será por siempre mi himno, un mantra para mi vida.

Igualmente siempre he pensado que no hay mejor manera de empezar o mejorar cualquier tipo de relación que coreando una canción. Y es que, habiendo tantos géneros, tantos artistas, tantas versiones, el coincidir con alguna tonadita es poco menos que un milagro.

La música será siempre parte de mi vida y disfruto mucho el compartirla. El conocer los gustos de los demás me permite, muchas veces, intuir un poco de su historia. Y el que se sientan en la confianza de hablar de sí mismos con el recuerdo de una melodía, se convierte en un momento íntimo, de introspección, una conexión única.

Espero que siempre seamos capaces de romper las barreras de los géneros; receptivos para que las canciones nos sorprendan; cantantes amateurs en los lugares en donde se pueda y que esa canción en específico sea siempre nuestro oasis personal.

Y por supuesto, deseo de todo corazón que se te haga ese concierto, ese festival, esa oportunidad de estar en el mismo lugar que la persona que te hace vibrar con su música. Aunque sea de lejitos, no importa, porque los sentimientos nunca saben de distancia.


Nota: ¡Que en paz descanse Paquita la del Barrio!

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