La Rueda de la Fortuna

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PEDAZOS DE VIDA

I

Sí. Fue la respuesta. Leonardo, sostenía el dedo índice sobre el puntero cuando el dolor se concentró en su pecho. Los recuerdos fueron niebla y sus ojos comenzaron una tormenta. Pudo verla una vez más antes de que se evaporara entre la menguada luz de las velas que había colocado conforme a lo dicho por “la madrina”.

Sus pequeños labios y las dos bolitas que salían de la oscuridad para mirarlo con ternura hicieron que la emoción le recorriera el cuerpo. No terminaba de mirarla cuando ella, con angustia, rompió el silencio antes de trascender y dejar de vagar entre cortinas de tiempos que los vivos no logran entender.

Leonardo mató a Enrique. Aquella noche Ángela se materializó para acusarlo por haberla aventado al precipicio.

Cuando lo trajeron aquí, Leo dio santo y seña de lo ocurrido meses antes y de la forma en que Enrique se encargó de limpiar el rastro; sin embargo, no hubo pruebas que pudieran comprobar lo dicho. Estuvo encerrado más de veinte años. Seguimos sin entender por qué lo hizo, seguimos sin creer lo que le dijo la ouija y, aunque allá afuera no lo crean, aquí dentro nadie lo mató. Le faltaban tres días para salir.

II

—El toro sigue ahí, sabrá Dios de quién será.

Ayer le dije a tu padre que fuera al pueblo a preguntar, pero él dijo que no nos conviene. Capaz y cuando sepan que lo tenemos venga alguno a querer quedarse con él.

—Pues es que amá, la gente es muy mañosa.

Vayan a querer venir a echar tiros, nos vayan a matar, nada más por un animal…

—Sí, es lo mismo que dijo tu padre.

Además, si no tiene dueño podríamos quedárnoslo. Eso le hace ilusión, yo vi clarito en sus ojos que no quiere darlo. El problema es que aparezca el dueño de veras y lo quiera cobrar.

Porque no es un torito cualquiera, está bien gordito. No creo que haya estado solito. Ayer mismo intentamos echarlo. ¿Para qué queremos un animal así? Si lo matamos y luego quieren cobrarlo, con qué vamos a pagar… si nos lo quedamos, pueden acusarnos de haberlo robado y cómo le hacemos para decir que no… si lo entregamos a alguien y resulta que no es suyo vayan a decir que lo vendimos.

Ahí está el problema. Uno no puede sentirse en la gracia de Dios teniendo una cosa de ésas cerca de la casa.  No es cosa buena. Seguro que el Diablo anda metiendo la cola. Anoche soñé que venían por tu padre por haberse robado el mentado animal.

Por eso bajó al pueblo, para ver si alguien le da razón, a ver si se entera de algún toro perdido. Un animal así no es fácil de perder, algo debió suceder. Pero ya está bien oscuro y nada que se divise tu padre.

—Ay amá, parece que no lo conoce. Seguro que está en la binata, va venir todo lechuguilla, ya pa´ que le digo ¿Y el Lucas dónde se metió?

—Está parado en la barranca, atento a tu padre. Le dije que no bajara al pueblo hasta que llegue tu padre, pero nada más no aparece. Ya van dos veces que le echo agua a la masa para que no se seque. Hace rato pensamos que ya venía, calenté la comida y no era.

III

Levantarás la mirada. Irás a la cocina. Sacarás la comida que llevarás a la oficina. Se habrá hecho tarde, no habrá tiempo para desayunar. Tomarás una manzana y la comerás en el camino. Caminarás hasta la parada, el tiempo no estará a tu favor. Mientras esperas por el autobús, pensarás en lo miserable que es la existencia, no resistirás y comprarás una torta de tamal. El colectivo irá lleno y no cabrás, tendrás que esperar tiempo extra. Los pensamientos acudirán a tu mente como cuervos hambrientos. Morderás la torta y te parecerá ridícula la mísera porción de carne que contiene mientras las palabras de tu familia resuenan una vez más. Pensarás en tu edad, en la familia que no tienes, en el poco tiempo que te queda después de cada jornada. Otra vez, su imagen acudirá a tu mente. Subirás al transporte público, irás de pie, no podrás poner música porque habrás olvidado cargar tus audífonos. Las voces de la gente te llevarán de nuevo al infierno de tus pensamientos. Tratarás de distraerte viendo lo que sucede a tu alrededor. No podrás contenerte. Primero será un nudo en la garganta, luego una gota. El torrente llegará después. Llorarás tan fuerte que más de una persona te preguntará por lo que sucede. Intentarás respirar con mayor ahínco y notarás al mirar por la ventanilla que estás varias cuadras más allá de donde está la oficina. Sólo dirás que estás bien y gritarás ¡bajan! Caminarás de regreso. Te consolarás. Sabrás que no puedes quebrarte. Te limpiarás la cara mientras caminas. Entrarás a la escuela, avanzarás por el pasillo, saludarás a los niños, darás instrucciones y después atenderás lo del retraso…

IV

Al chile carnal, cuando llegué acá andaba apanicado. Me habían contado que la capirucha no era para cualquiera, que aquí te picaban y ni quien se diera cuenta. Que si no llegaban por tu cascarón te sembraban en la colectiva para no salir jamás.

Me dijeron mis viejos que antes acá estaba más tranqui. Que no había tanto desmadre. Que me cuidara de los puercos. Que las ratas como quiera, no pasaba de un bajón de billullo y que te quedaras limpio como huacal de pollo. Pero cuando tuve que retacharme, mi jefecita me echó la cruz como tres veces, me dijo que me cuidara que ya no era como antes, que había mucho mal y que no faltaría el desgraciado que  quisiera pasar listón.  

Dos meses después fue la movedera, escombros por aquí y por allá, había carnales por todas partes, paleaban, intentaban rescatar a los heridos, veías la destrucción total. Nos tocó ayudar carnal, y también nos tocó ver como unos camaritas les pusieron su madrina a unos hijos de la chingada que estaban saqueando alrededor.

Aquí te curtes, comienzas a sabértela, y con el paso del tiempo, wachas que esta pinche ciudad no es tan culera. Me dieron vajilla dos veces, la tercera me puse rudo y terminé fumando yerba con el compa aquel. Aquí me picaron, pero valió la pena, esa leydi estaba rete chula y ni un piquito nos dimos.

Hay un chingo de gente jodida, están los hoyos del diablo, pero más sabe el diablo por viejo que por diablo, cuando ya te la sabes no hay forma… Hay que saberle, es lo que le digo a la bandera, hay que saberle… porque sino te carga la calavera.

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