La paella

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—La paella está riquísima abuelo, pero sigo insistiendo en que al ser el festejado no deberías cocinar, solo dejarte apapachar —comentó Federico al embutirse la última cucharada del platillo que le quedaba.

—Por fin coincido en algo con mi primo Raúl, esto es una delicia y esperamos que sea tu cumpleaños para saborearla, pero estaría bien que nos dejaras llevarte a un restaurante para festejarte —respaldó Manuel dirigiendo la mirada a su tata, como le decía de cariño.

No puedo creer lo tarde que es, se me fue el tiempo de volada, solo tengo un pequeño espacio para cambiarme la ropa salpicada de salsa y aceite, lo más seguro es que no tarden en llegar con lo que falta para que la mesa esté perfecta.

10 minutos después suena el timbre.

—¡Ya voooooy! 

Ahora compruebo que la cocina nomás no es lo mío, como dice el abuelo, necesita paciencia y eso tampoco es lo mío, también como dice el abuelo, debí haber empezado más temprano para no andar con estas apuraciones.

Abre la puerta.

—Pasen, están en su casa, disculpen que haya tardado es que me retrasé un poquito en la preparación, y cuando me di cuenta de la hora, sabía que estaban por llegar, pero pasen, acomoden las cosas sobre la mesa por favor y tomen asiento. Díganme qué les puedo ofrecer de tomar.

Aún se le notaba el nerviosismo a Lupita al sentirse presionada por el tiempo, comenzó a respirar profundamente para tranquilizarse mientras servía bebidas.

—Si quieren podemos empezar a comer, la mesa está servida, pueden tomar lo que gusten y en la cantidad que quieran, la verdad es que tanto ajetreo me abrió el apetito, así que ya empecemos, no se hagan de la boca chiquita.

Los sonidos de las cucharas al tocar los platos invadían el comedor, y la mezcla de olores al ir destapando las ollas y sartenes impulsaba el hambre de los comensales, quienes soltaban en momentos algunas risas e intercambiaban pláticas, en un ambiente cálido y armonioso.

Terminaron rápido de comer para continuar con algunas bebidas para el tradicional desempance que alargó la charla y propiciaba las carcajadas.

Luisa se levanta y choca delicadamente un cuchillo contra su vaso.

—Familia, gracias por aceptar la reunión en mi pequeño hogar, espero que la comida haya sido de su agrado, que estas pláticas y los tragos los hagan sentir en casa. También agradezco al abuelo por permitir que su cumpleaños se celebrara en otro lado y que los alimentos fueran preparados por otra persona, en esta ocasión por mí, y también le doy las gracias por compartirme la receta de la paella, sé que su sazón es lo mejor, pero hice el intento y puse todo mi corazón para que quedara lo más parecido posible. Ahora, por favor levantemos nuestras copas y brindemos por nuestro viejito que nos mantiene juntos aunque ya se encuentre con nuestros padres en el cielo.

Los primos y sus familias obedecieron y dirigieron las copas y las miradas a la silla vacía ubicada en la cabecera de la mesa, en reconocimiento al hombre que los mantuvo juntos, luego de la tragedia en la que fallecieran sus padres.

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