PEDAZOS DE VIDA
Tiene que ser verano para que se sienta este calor. Hoy no veo a los vendedores de fruta del parque. Seguramente ya deben estar vendiendo bolsas de tunas frescas. ¡Ah, qué deliciosas son las tunas! Las verdes muy frescas, las rojas muy dulces y las amarillas tan suaves…
Ese que está ahí es Mateo. Por allá debe estar su madre. Se ve pequeño, pero es muy inteligente para su edad y a veces es un poco travieso. Esperemos que no atropelle con su carro los pies de la señora que está ahí sentada en la banca bajo la adelfa de flores rosas.
—¡Run, ruuun! Mi carito va muy rápido, muy rápido por la caretera.
—Uy, niño, no me vayas a atropellar.
—No, señora, mi carito no atopella.
—Qué bonito carrito. ¿Te lo compró tu papá?
—No, me lo compró mi mamá para que no esté tiste.
—Pero ¿por qué un niño tan alegre como tú iba a estar triste?
—Señora, ¿te cuento algo?
—Dime, niño, te escucho.
—Es que mi papá no está. Se fue de la casa hace mucho, muchos días, como mil. Y mi mamá me compo este carito para que no esté tiste, para que no llole poque ya soy un niño gande.
—¿Y te gusta tu carrito?
—Es un carito chiquitito y tiene llantas. Mira cómo camina solito, lo hago poquito pala atás y ruuun, camina solito. Mira, señora, cómo va muy rápido.
—Sí que va muy rápido. Oye, niño, ¿cómo te llamas?
—Me llamo Mateo. Y tú, señora, ¿cómo te llamas?
—Yo soy Inés.
—Ah, bueno. Ya me voy, ¡eh!
—¿Pero a dónde irás?
—Voy con mi mamá.
—Pero ¿dónde está tu mamá? No debes andar solito. ¿No te da miedo? ¡Te pueden robar!
—No tengas miedo, señora, soy un niño gande. Si vienen a robarme, yo les pego, puj, puj, puj, les pego fuelte.
—Pero si los robaniños son más grandes, ¿qué vas a hacer?
—Yo les pego más poque soy muy fuelte como mi papá. ¡Run, ruuun! Los atopello con mi caro.
—Pero tu carrito no atropella.
—A los malos, sí.
—Espera a que venga tu mamá. No me dejes solita. Yo no tengo un carrito como el tuyo para que pueda protegerme. Si viene un ladrón, ¿quién me va a defender?
—No tengas miedo, señora, voy por mi mami poque está solita y la tengo que cuirar. Y luego voy por ti aquí.
Ahí viene Loreley, Artemisa; sí, Artemisa Loreley. Vaya nombrecito. Nada más de pensar el pleito que tuvimos para que los nombres cupieran en la invitación de la boda… Todavía le pesa; ella no es así.
—¡Mateo! ¡Qué haces ahí! ¿No te dije que no te fueras lejos?
—Disculpe, pero como lo vi solito intenté hacerle la plática para que no se fuera más lejos. De hecho, fue mi culpa su retraso. Le dije que necesitaba que un niño fuerte me cuidara de los ladrones, pero ya se quería ir porque tenía que ir a cuidar a su mami.
—Este niño es muy ocurrente. Mateo, levanta tu carro porque ya nos vamos.
—Sabe, Mateo es muy inteligente. Ah, perdón, yo soy Inés.
—Mucho gusto, Inés. Me llamo Artemisa.
—¡Ah! Tiene nombre de la diosa griega de la caza.
—Sí, mi madre tenía una maestra que se llamaba así. Desde entonces le gustó el nombre y, cuando nací, fue el que ella propuso.
—Al final, se impuso tu madre… Ojalá alguna de mis estudiantes me recuerde como lo hizo tu mamá y le ponga a una de sus hijas Inés. Aunque tengan que pelear con el padre.
—Bueno, mi padre, que estaba enamorado de la cultura celta, me puso Loreley y así acabé teniendo este nombre tan complicado.
—Ahora estoy intrigada. Artemisa, ¿de dónde salió el nombre de Mateo?
No voltees para acá, no lo hagas. ¡Ay, Dios mío! Esos ojitos, ese brillo… Ese rayo que se está convirtiendo en lágrima. Respira, anda, no hay motivo.
—Yo me llamo como mi papá, ¿verdad, mamá? Pero mi papá ya no está aquí, se fue a un lugar muy, muy lejano, pero no puedo verlo hasta que esté muy gande como así, ¿verdad, mami?
—Ay, hija mía, discúlpame. Soy una tonta. Toma, límpiate ya que Mateo va a pensar que en lugar de sudor estás llorando… ¡Vamos por un helado! No digan que no, porque un niño grande que cuida a su madre se merece un buen helado.
—Ruuun, vamos a los helados, señora. Mamá, ¿puedo pedir uno de cocholate…? Mejor de limón…
Mateo, es hora de irnos, ya no puedes estar más tiempo aquí. Fuiste el padre que debiste ser, y ahora ellos deben seguir. Como te lo prometí, Mateo tendrá una buena madrina y pronto Artemisa dejará de llorar por ti. Anda, vamos…


