Pido la palabra
¿De qué sirve tener una casa si no tenemos un planeta decente en donde colocarla? Con ese cuestionamiento uno de mis alumnos hace años dejaba ver la frustración que sentía al darse cuenta que al Planeta Tierra lo estábamos convirtiendo en el Planeta de los Simios: guerras, miseria, muertes inocentes, terrorismo, narcotráfico, corrupción, hambre, gorilas expansionistas enfermos de poder que arrastran a multitudes a su auto destrucción, y todo, absolutamente todo, lo justifican en nombre de una vida mejor.
El engaño es el arma preferida de los psicópatas que todo lo quieren arreglar con la violencia extrema; vicio de la conducta humana que nos arrastra inevitablemente a la desconfianza; de todo dudamos, de todo creemos que lleva un trasfondo; y de eso sin duda alguna, tiene mucha responsabilidad la escasa o nula respuesta a las necesidades sociales y la pobre propuesta de quienes se les ha asignado esa tarea; nuestros líderes nos piden confiar, pero la confianza que nos venden termina por darnos asco.
Traición de principios, golpes bajos, puñaladas políticas, herir al enemigo, asesinar al amigo; todo ello no importa si a través de esa acción el operante sale beneficiado; y después, unos regalan sonrisas, otros, como en el pasado, lloran y piden perdón por no sacar a la gente de la miseria en que se encuentra. Para hacernos sentir que estamos en buenas manos y que siempre encontraremos en ellos la viva imagen de un redentor, tienen como meta debilitar la voluntad; ese es el propósito de los alevosos vendedores de sueños.
En apoyo de esa confianza, mucha gente ha salido traicionada, muchos muertos ha habido en nombre de ella y por el apoyo a sueños expansionistas de sus incitadores; guerras emergidas por hacer sentir a alguien que formaba parte de una raza superior pero que al verse derrotado traicionó sus principios y terminó sus días como el más vil de los cobardes, suicidándose y dejando en una lucha emocional a aquellos que confiaron en la locura de una raza superior; tal vez en el Norte se esté repitiendo la historia
Paranoicos que por sospechas de existencia de tecnología militar deciden iniciar guerras en donde todos pierden; se dicen paladines de la libertad, cuando ellos son presa de sus propios demonios; se creen los elegidos del destino para encauzar a aquellas naciones que –según su insensata perspectiva- están desviando el camino de la democracia; pero todo es un engaño, el objetivo es imponer, sostener y construir imperios, poderíos en donde la voluntad del líder sea la única que cuente; el ciudadano solo es un número más para legitimarse y en algunos casos, para sostener un fusil envuelto en demagogia libertaria; la premisa es: la confianza daña, el engaño es productivo.
Y mientras tanto, la sociedad se acostumbra a vivir entre la mentira y la manipulación, aceptando como normal aquello que debería indignarnos; la apatía se convierte en cómplice silenciosa de los abusos, y la indiferencia abre paso a la manipulación colectiva. El verdadero peligro está únicamente en la resignación de los pueblos que, cansados de luchar, terminan por entregar su destino a quienes menos lo merecen.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.



