Todo visitante que llegaba a la Lima colonial y decimonónica debía pasar bajo un gran arco de piedra, una puerta a la Ciudad de los Reyes perdida por el paso del tiempo y, en cuyos vestigios, los arqueólogos han encontrado una sorpresa inesperada: un tesoro -escondido o abandonado- cargado de monedas de plata del siglo XVI.
«Hemos encontrado un grupo de 15 monedas macuquinas de plata del siglo XVI, un hallazgo que nos ha sorprendido, porque es muy difícil encontrar esas monedas en el centro histórico de Lima», explicó a EFE el coordinador del equipo de arqueólogos, Ernesto Olazo.
Este pequeño tesoro reposaba a la sombra del Palacio de Gobierno, sede del Ejecutivo, en pleno cruce de caminos de la capital peruana, uno de los espacios más transitados junto al conocido como Puente Trujillo.
A ojos de los transeúntes, que desde el siglo XVI ocupaban la ciudad que fundó Francisco Pizarro en 1535, el arco de entrada cambió de forma y lugar, pero ocultó con celo un tesoro cuyo origen se desconoce, pero que ahora los investigadores buscarán desvelar.
Como principal teoría, Olazo, del equipo de la Gerencia de Planificación, Gestión y Recuperación del Centro Histórico de Lima (Prolima), considera que debía ser uno de los «pequeños tesoritos ocultos que se guardaban para, posteriormente, recuperarlos».
«La otra (opción) sería un gran descuido, pero creo que nadie se olvidaría una bolsa con monedas de plata», comenta.
Nadie, al menos conscientemente, abandonaría una bolsa con monedas de 1 y 2 reales de plata, todas ellas «con la inicial del ensayador, que era quien certificaba que eran auténticas», y que fueron acuñadas entre 1577 y 1588 en la Casa de la Moneda de Lima. Un auténtico caudal de su época.
El arco de bienvenida
El arco, a modo de puerta, que guardaba el ingreso a Lima fue construido en 1610 por encargo del virrey Juan de Mendoza y Luna, junto a un puente que conectaba la ciudad amurallada con los exteriores, sobrepasando el río Rímac.
Al otro lado del río se ubicó un arrabal conocido durante siglos como San Lázaro, donde un hospital del mismo nombre atendía a los leprosos y en cuyos alrededores residían indígenas, negros, enfermos, frailes y viajeros.
A espaldas del solar que albergaba la sede virreinal, primero, y el Palacio de Gobierno republicano, después, ya se había construido un primer puente de ladrillo, constantemente dañado por los embates del río Rímac.
Con el paso de los años, el Arco del Puente, la principal entrada a Lima, o Ciudad de los Reyes, fue construido, destruido por el impacto de varios terremotos, y reconstruido con varias modificaciones hasta que un incendio lo arrasó definitivamente en 1879.
Hasta ahora, según explica el arqueólogo Olazo, había testimonios gráficos y crónicas de las últimas versiones de esta puerta de Lima, pero no de la primera de ellas.
«Teníamos información visual de la versión más moderna del arco, pero hemos recuperado evidencias de la primera versión, que no se encuentra documentada», agrega.
Junto a las cimentaciones de un antiguo arco ornamental y piedras labradas con las inscripciones conmemorativas de la construcción e inauguración del antiguo arco, los arqueólogos también han hallado vasijas y platos de loza inglesa con elaboradas decoraciones.
Ahora, los trabajos promovidos por Prolima continuarán con un proyecto para restituir el arco incluyendo materiales y técnicas tradicionales, siguiendo los acabados y detalles del original.
Será la oportunidad para los habitantes del siglo XXI de entrar a Lima como lo hicieron, durante siglos, los visitantes que se acercaron a la ciudad colonial y a la capital republicana.
«Volverá a ser un gran atractivo no solo nacional, sino también internacional y va a permitir devolver a la ciudad parte de su memoria arquitectónica», concluye Olazo.