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RELATOS DE VIDA

Los hermanos Federico y Alicia, de 18 y 15 años, salían con periodicidad los fines de semana, siempre andaban juntos porque además de existir confianza, el instinto de protección del mayor relucía en todos los momentos y espacios.

Ambos tenían la fortuna de compartir a los amigos, y en el círculo en el que se desenvolvían sabían que al invitar a uno de ellos, el otro iba en añadidura.

El varón siempre recto, responsable, protector y cuidadoso; su complemento, una adolescente hiperactiva, descuidada y por demás sociable; pero los dos siempre respetuosos y educados.

Un fin de semana acudieron a la fiesta de cumpleaños de una amiga mutua, más bien, un tipo de camping, pues se trataba de una convivencia en una cabaña, propiedad de los padres de la festejada.

Llegaron con ropa cómoda y abrigadora, un poco de botana, y el regalo para su amiga; se acomodaron alrededor de la fogata que ya estaba encendida y en la que ya se encontraban los invitados a su alrededor.

Mientras uno interpretaba canciones acompañado de una guitarra, los demás cantaban gustosos; después llegó el momento de las mañanitas, los abrazos, la entrega de regalos y la bebida con alcohol.

Un par de horas después llegaron más invitados, la mayoría desconocidos para los hermanos, se trataba de compañeros de la universidad de la festejada, quienes se unieron a la fiesta ya avanzada.

Un joven del grupo nuevo, se acercó con Alicia para invitarla a bailar, pero la propuesta fue rechazada, y le comentó a su hermano que le causó desconfianza y que la vibra la había sentido muy densa.

Luego del rechazo, el universitario no apartaba la mirada hacia la jovencita, situación de la que se percató Federico, incluso insistió otras veces más, las mismas que no fueron aceptadas.

La molestia de la adolescente por la insistencia y la mirada penetrante del chico la hizo estallar cuando de nueva cuenta se acercó, aunque ahora con la intención de establecer una plática.

Levantó la voz a tal nivel que los asistentes callaron para escuchar los reclamos, y justo en ese momento llegó el hermano que había ido al baño, quien al notar a la hermana molesta empujó al universitario.

La situación escaló cuando los amigos del joven insistente se unieron a la trifulca, golpeando a Federico hasta dejarlo inconsciente, por lo que Alicia tuvo que trasladarlo a un hospital para su atención médica.

Mientras esperaba al doctor para conocer el diagnóstico, llamó a sus padres para avisarles lo ocurrido, y al llegar recibieron la noticia de que había entrado en estado de coma y que debían aguardar un día para que desinflamara la cabeza y conocer la situación real del hermano mayor.

Transcurrido el tiempo, les informaron que los golpes ocasionaron un daño en la memoria, por lo que debían estar atentos de sus labores diarias para no causar daño a él o a los demás.

Han pasado 10 años y Alicia lo cuida fervientemente, se siente culpable por haber iniciado una pelea en la que participó su hermano para defenderla, siguen saliendo juntos a todos lados, y ahora ella es la responsable, cuidadosa y protectora.

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