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sábado, noviembre 29, 2025

Huellas profundas, caos y lo efímero. Aunque de mí quede una polvareda de Yanira García. Por Alina Eugenia Peniche Ortíz

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Título del Libro: Aunque de mí quede una polvareda

Autor: Mirna Yanira García Vargas

Editorial: Eterno Femenino Ediciones

Año: 2025

Hablar de poesía experimental o visual rompe con la idea de que el poema es solo un texto para ser leído linealmente. La experiencia se vuelve un momento, un instante donde se dibujan acontecimientos que son un descubrimiento revelador con un significado que nos permite una nueva perspectiva. La distribución de las frases, de las palabras cobran una fuerza espacial y un contraste. Como lector no solo leas: también “mira” y “explora” el poema.  

Con seguir un trazo o unir letras en la conformación de los poemas, es suficiente para captar el sentido personal de la escritora, cada momento, lugar o rostro cobran una fuerza constructiva, que proviene de diferentes recuerdos. Yanira García es poeta mexicana, originaria de Pachuca, sus temas recurrentes incluyen la memoria, el cuerpo, emociones profundas, sueños, lo natural, el tránsito entre experiencias personales, el testimonio interior. 

A través de una dimensión sensorial cubre en cada acontecimiento todo el horizonte, como en los desiertos que deja migrar. Provoca procesos auditivos: suele ir acompañada de un zumbido suave del viento mezclado con el movimiento de partículas. Interpreta el asunto táctil: el polvo que se pega a la piel, entra en los ojos y la ropa. Resignifica lo olfativo: recupera el sentido de la tierra seca, a campo abierto, a sequedad. 

Tanto en la literatura como en la poesía, una polvareda suele ser metáfora de cosas efímeras, caóticas o intensas. La agitación: “se levantó una polvareda de discusiones” en una confusión o alboroto. En lo efímero: el polvo es ligero y pasajero, se levanta y se dispersa en segundos. Como una huella profunda: la polvareda indica que algo pasó con intensidad. En el destino y en la memoria de acontecimientos: suele evocar la fragilidad de la vida humana, el rastro que queda después de la desaparición, la mortalidad ya que finalmente “polvo eres…”. 

Yanira García produce en una imagen poderosa, una serie de poemas para expresar movimiento, cambio, expresar en lo efímero y la huella que deja el paso de la vida. Yanira, dejas a tu paso palabras, manifestando los cambios perceptivos de lo femenino, audaz y persistente, con la fuerza de nuevos sentidos.

Es por ello, que el lenguaje poético resulta natural, este potencial imaginativo se ha caracterizado como la dimensión poética del psiquismo humano, el sentimiento poético de la vida o la poesía involuntaria de los niños.

Creamos imágenes mentales de aquello que tal vez nunca hemos experimentado, pero la sensibilidad nos conecta. Las palabras fluyen como un carácter simbólico pero lo expresivo viene de lo cotidiano lo que propicia un lenguaje de silencios que nos aproximan es una experimentación lúdica cercana a la esencia de la poesía. En la actualidad la necesidad de la poesía se hace urgente en una época empapada del utilitarismo tecnológico. Identificarnos con el goce estético, sin buscar más justificaciones. 

La poesía es fundamental para el desarrollo de la sensibilidad, y para aportar una nueva forma de entender al mundo, haciendo a los seres humanos más completos. Dejarnos llevar por el momento de la poesía es un fertilizante para nuestra vida interna, para lograr un estado de recogimiento que produce el contacto con la belleza debe ser estimado como una respuesta pedagógica de gran valor. Jugar con las palabras, escoger las adecuadas, buscar lo insólito para ver al mundo de una manera diferente, tomando conciencia de que se puede crear con el lenguaje.

Tanto la experiencia como la intuición juegan roles fundamentales y diferenciados tanto en la selección de la poesía que se lee como en su comprensión profunda, por ello la experiencia que nos da Yanira García es de gran relevancia, la primera apreciación de las artes se produce por medio de la intuición.

Para Yanira García, el proceso de la escritura le causa un estado «sumamente feliz» y le ayuda a procesar los momentos difíciles de la vida, lo que sirve como un gran alivio. Ella difiere del estereotipo de las poetas que sufren al escribir, pues su escritura es un «aliciente muy grande» que la mantiene viva.

Su trabajo se caracteriza por la relación con lo místico y la naturaleza, reflejada en su gusto por la jardinería, la observación de aves, el campo traviesa y la música. Dentro del caos provocado por retos personales y sociales significativos para desarrollar su carrera ella emerge a través de la poesía para hacer frente a quienes se opusieron alguna vez a que sus palabras brotaran  como manantial para mostrar huellas profundas, caos y lo efímero de la vida para dejar una huella en el lector, una huella con la que muestra que escribir no es “un absurdo” ni tampoco es “pérdida de tiempo”.

Alina Eugenia Peniche Ortíz  Doctora en Pedagogía Humanista. Normalista por vocación y licenciada por el Instituto Pedagógico Anglo Español. Dedicada al ámbito educativo ha trabajado en Instituciones Hidalguenses como: la Universidad Politécnica Metropolitana de Hidalgo; el Centro Hidalguense de Estudios Superiores, la Universidad IberoMexicana de Hidalgo,  el ITECH,  la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Lasalle Pachuca, y desarrolladora de programas para licenciatura en la Escuela Nacional de Locución (Enaloc).

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