Un adulto responsable
“El arreglo personal es una
decisión de cada quien”
Letrero en un estudio fotográfico
Poco se habla del papel que deberíamos cumplir como ciudadanos, por el simple hecho de compartir el mundo con todo tipo de personas, pero es necesario decirlo: deberíamos hacerle la vida más fácil a los demás, pero hay gente que parece ser alérgica a ser amable.
Hay gente que se niega a sentarse en el lugar en el que podrían ayudar al chófer, y que nunca ayudarían a nadie a sostener sus cosas, que jamás se quitarían los audífonos en el viaje y que se niegan a ser receptivos del mundo, a pesar de compartir el espacio.
Hay personas que, solo por fregar, lejos de hacer solamente su trabajo, se dedican a hacer miserables a los demás. No son empáticos, no enseñan con el ejemplo, solo esperan la jubilación mientras estorban el quehacer de otros que sí quieren aprender o, al menos, realizar bien su chamba.
Hay seres humanos que no les gusta su labor, que no tienen vocación, que parece que su único gusto es gruñir, fastidiar, corregir, andar con cara de pocos amigos a la hora de “cumplir con su trabajo”. Mención especial para todos aquellos burócratas que lejos de ayudar hacen tedioso y muy difícil el cumplir con cualquier trámite.
Pero, para ser justos, también hay quienes son prepotentes, alzados, impacientes y no dan espacio para que aquellos que sí son amables, puedan atender a las personas como es debido. En este mundo hay de todo.
Yo por eso recomiendo facilitarle la vida a las personas con las que nos relacionamos, primero que nada, siendo hombres y mujeres con palabra de honor. De esos que cumplen con lo que ellos mismos pactan, que no por 500 pesos manden ese mensaje de: “¿tú crees que por tan poquito me voy a dar a conocer”.
Después, tratando de ser un poquito más humanos. Ofreciendo siempre un poquito más de lo que habitualmente nos piden; siendo proactivos; tratando de ser agradecidos y haciendo lo que nos corresponde, al menos sin echar a perder el trabajo de los demás.
Esencialmente después tendría que venir la caridad, esa capacidad de dar lo que tenemos en abundancia, que no necesariamente es dinero.
Ojalá encontremos la forma de hacer de nuestras acciones cotidianas una forma de ayudar a quienes lo necesiten; pues como dije al principio, lejos de seguir cualquier doctrina, nos lo debemos por ser humanos.
O por lo menos, tratar de no fregarle la vida a quienes hacen equipo con nosotros en este mundo, pues en cada cabeza hay una historia que vale tanto como la propia.
Nota: Si no podemos ayudar a nuestros semejantes, por lo menos no hay que fregarnos entre nosotros, porque para eso siempre hay otros, siempre otros.



