RELATOS DE VIDA
- Sale wey, entonces nos vemos el lunes.
- Ya estás, wey, llegas temprano porque ya ves que el profe te trae entre cejas por tus retardos.
- ¡Ash! Ya ni me lo recuerdes, inche viejito culey, yo no tengo la culpa del tráfico, pero de todos modos voy a llegar temprano para terminar bien el semestre.
- Sale wey, te lo lavas.
Félix y Roberto se despidieron con un abrazo y caminaron en direcciones opuestas para tomar el transporte que los llevaría a sus respectivas casas, ya para descansar, después de una semana de exámenes, proyectos finales y desveladas.
Roberto encontró una unidad aún con cupo, le hizo la parada y subió – Buenas noches, con permiso – y se acomodó en el asiento de atrás, pegado a la ventanilla derecha, sacó su pasaje, abrazó su mochila y se recargó en el frío vidrio, tenía sueño y se dispuso a tomar una siestecita, por el tráfico, prácticamente tardaría 45 minutos en llegar a su colonia de residencia.
- En la parada por favor – escuchó a lo lejos, ya estaba entrando en un profundo sueño, entreabrió los ojos y trató de ubicarse, apenas iba a la mitad de su trayecto, apretó nuevamente su mochila y se volvió a acomodar.
- Le pasa dos en la esquina por favor – volvió a escuchar, aún más lejos, apenas pudo abrir los ojos, echó un vistazo y volvió a acomodarse, estaba cerca pero todavía podía descansar un poco más.
- Bajan en la caseta por favor – Escuchó aún más lejos, pero el sueño ya se había mezclado con la realidad, movió un poco el cuerpo y siguió en el letargo.
Llegó corriendo a clases, el profesor ya lo esperaba con unos ojotes bien puestos en su llegada triunfal, era tarde, había rebasado el tiempo de tolerancia – Buenos días profesor, ¿puedo entrar? – pidió permiso a la entrada del salón – Otra vez tarde, Roberto, ¿cuándo será el día en que no llegues corriendo? Ya pasa y siéntate – respondió el docente.
Los alumnos recibían calificaciones, cuando abrieron de golpe la puerta, personal administrativo gritaba – Salgan rápido y vayan al punto de reunión, está temblando – los jóvenes seguían las indicaciones, Roberto iba junto a Félix, volteó hacia atrás para verificar que nadie se hubiera quedado, el profesor estaba sobre el piso, había tropezado y estiraba la mano para que lo ayudarán, sus labios se movían pero no alcanzaba a escuchar, hasta que el sonido reapareció:
– Despiertaaaaaa.
Con sobresalto abrió los ojos.
-Ya llegamos a la base de la ruta, te quedaste dormido – soltó el conductor.
Roberto volteó para ubicarse:
– En la madre, ahora si me pasé.


