PIDO LA PALABRA
La incertidumbre es un sentimiento que nos acompaña en cada paso que damos. Nos asalta en la noche, cuando las cosas no han salido como esperábamos; nos invade cuando el cansancio pesa en los hombros y las dudas comienzan a nublar nuestra visión del futuro. Pero en esos momentos, cuando todo parece oscurecerse, es cuando debemos recordar que rendirse nunca ha sido una opción para quienes buscan un porvenir mejor.
La situación económica y los chantajes mercantiles y arancelarios pueden hacer que el futuro parezca sombrío, pero es en estos momentos cuando más necesitamos recordar la importancia del trabajo en equipo y la solidaridad. Mantengamos firmes nuestros valores y convicciones, sabiendo que la fuerza y el ánimo que necesitamos para avanzar se encuentran dentro de nosotros mismos.
La incertidumbre, lejos de ser un obstáculo insuperable, debe ser vista como una oportunidad para crecer y superarnos. A lo largo de la historia, nuestras generaciones pasadas nos han enseñado el valor de la perseverancia y la importancia de aprender de nuestros errores. Sigamos su ejemplo y enfrentemos los desafíos con la cabeza en alto, sabiendo que cada paso que damos nos acerca más a nuestras metas.
El futuro es incierto, y quizá sea mejor que así sea. Si supiéramos lo que nos depara el destino, la vida perdería su magia, su esencia de lucha y superación. No todos se han rendido a su suerte, ni debemos hacerlo nosotros. La incertidumbre debe ser el impulso que nos mueva hacia la creación, la innovación y la construcción de un mejor mañana. No podemos quedarnos de brazos cruzados esperando que las circunstancias cambien por sí solas, pues no podríamos soportar otra dosis de inacción; somos nosotros, en equipo, quienes debemos forjar el cambio.
Es cierto que muchas veces el desgaste nos hace dudar, que la carga es pesada y que las circunstancias no siempre están a nuestro favor. Sin embargo, el tiempo es un recurso invaluable que no podemos desperdiciar. La clave está en aprovechar cada instante, en seguir aprendiendo, en seguir creciendo. Debemos enseñar a los jóvenes que su tiempo es inconmensurable y que es su responsabilidad darle un buen uso. No podemos permitirnos lamentaciones tardías ni arrepentimientos por oportunidades desaprovechadas. El momento de actuar es ahora.
No sabemos con certeza lo que traerá el mañana, pero sí sabemos que cada acción que tomemos hoy marcará la diferencia. No podemos permitir que el temor nos frene; al contrario, debemos transformar ese miedo en combustible para seguir avanzando. La lucha diaria nos fortalece, y cada obstáculo superado nos demuestra que somos capaces de mucho más de lo que imaginamos.
Trabajemos juntos, colaborando pueblo y gobierno sin tener como objetivo procesos electorales, porque en la unión está nuestra mayor fortaleza. No permitamos que la incertidumbre nos venza; hagamos de ella nuestro estímulo para construir un futuro más justo, más próspero y lleno de oportunidades. Y cuando llegue el día en que miremos hacia atrás, podamos decir con orgullo que nunca nos dejamos vencer, que nuestras indecisiones y miedos solo fueron el motor que nos impulsó a alcanzar nuevas alturas. El futuro no está escrito; somos nosotros quienes lo construimos día a día, entonces, hagámoslo con dignidad y entereza.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.