Pido la palabra
Dos palabras clave dentro de la convivencia humana son “las obligaciones” y “los derechos”; y todos dentro del esquema social en el que nos desenvolvemos tenemos responsabilidades que nos llevan a responder en menor o mayor grado ambos conceptos.
Tenemos responsabilidades en el hogar, en la escuela, en el trato cotidiano con todos aquellos con los que por motivos profesionales o personales tenemos algún tipo de trato; pero, sobre todo, tenemos derechos y obligaciones en el trabajo.
Cuando prestamos un servicio personal subordinado y nos pagan por ello, sabemos perfectamente que estamos obligados a cumplir con nuestras obligaciones, al mismo tiempo que podemos exigir nuestros derechos.
El pequeño gran problema es que todavía hay mucha gente que de lo único que se acuerda es de exigir sus derechos, pero se olvida que se ha comprometido también a cumplir con sus obligaciones; de estas últimas, las expresiones típicas que a lo largo de mi historia me ha tocado escuchar son tan variadas como inverosímiles, pero todas ellas en el fondo tienen como objetivo el esconder alguna deficiencia personal; tal vez flojera; quizá ignorancia; incluso, miedo, pues no olvidemos que no hay miedo más irracional que el que es producto de la ignorancia.
Sí, en muchos de los casos es miedo al cambio, nos obstinamos en pensar que haciendo lo que por muchos años hemos estado haciendo nos mantendrá en la jugada, y nos negamos a cumplir con las instrucciones que nos ubicará en la lucha por la supervivencia de las fuentes de empleo, sin darnos cuenta que no avanzar es sinónimo de retroceder.
Adaptarse o morir, cumplir con nuestras obligaciones a la par de exigir nuestros derechos; pues los años me han indicado que hay tres situaciones dentro de la relación laboral: 1.- Al que no sabe, se le enseña; 2.- Al que no puede, se le ayuda; 3.- Al que no quiere, a ese mejor que no estorbe, pues como dice y dice bien ese refrán mexicano: mucho ayuda el que no estorba.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.


