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martes, enero 27, 2026
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Entender no es sanar: cuando la conciencia no alcanza

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DES-prográmate y Ámate

En consulta escucho con frecuencia una frase que se repite de muchas formas: “ya entendí mi herida”. Personas que han leído, reflexionado, ido a terapia, nombrado su historia y reconocido de dónde viene su dolor. Sin embargo, a pesar de ese trabajo consciente, siguen repitiendo patrones, siguen sintiendo ansiedad, continúan en relaciones que duelen o viven con un cuerpo tenso, cansado o en alerta constante.

Y entonces, aparece una pregunta silenciosa, pero pesada: ¿qué me falta? Porque cuando uno ha hecho tanto trabajo interno, se supone que ya “deberíamos estar mejor”, pero cuando no lo estamos, la conclusión suele ser dura y pensamos que algo se está haciendo mal.

Ojo, entender no es lo mismo que sanar. Entender es un proceso cognitivo: ponerle nombre a lo que pasó, encontrar explicaciones, ordenar la historia. La conciencia es necesaria, sin ella no hay trabajo terapéutico, pero el problema surge cuando creemos que la conciencia es el final del camino, cuando en realidad, es apenas la entrada.

El trauma, incluso aquel que no se vivió como “grave”, no se almacena como una idea, sino como una respuesta del sistema nervioso. Por eso puedes saber que ya no estás en peligro y, aun así, tu cuerpo reacciona como si lo estuviera. Puedes comprender racionalmente a tus padres, y sin embargo, tensarte cada vez que hablas con ellos, el cuerpo no se convence con argumentos, el cuerpo aprende por experiencias. 

Muchas personas muy inteligentes, reflexivas y sensibles, quedan atrapadas aquí, saben exactamente qué les pasó y porqué reaccionan como reaccionan, pero nada cambia. El entendimiento, sin darse cuenta, se convierte en una forma de control: entender para no sentir, explicar para no atravesar, analizar para no soltar. No porque no quieran sanar, sino porque en algún momento sentir fue peligroso.

Por eso alguien puede entender perfectamente su herida de abandono y aun así entrar en ansiedad si no le responden un mensaje. O saber que es adulta, funcional e independiente, pero vivir con un cuerpo que no descansa, como si bajar la guardia fuera un riesgo. No es falta de madurez ni incapacidad, es un sistema nervioso que sigue funcionando como aprendió para sobrevivir.

Sanar no es dejar de pensar en lo que pasó. Sanar es que eso que pasó deje de sentirse como presente. Es que la emoción aparezca sin desbordar, que el cuerpo actualice la información y salga del modo supervivencia. Por eso enfoques como EMDR, el trabajo somático o la regulación del sistema nervioso no buscan más explicaciones, sino integración. No es magia, es neurobiología.

Si entiendes mucho, pero sigues reaccionando igual, no es un fracaso, es una señal: ya no toca pedirle más a la mente, sino empezar a escuchar al cuerpo. Entender fue el primer paso, ahora toca integrar. La pregunta final no es qué más debes comprender, sino, ¿qué parte de ti sigue esperando ser sentida, no explicada?

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