Pido la palabra
“Aquí cada sueño se atora bajo el puente
cuando subes las escaleras que reordenan nuestro pecho
en el sudor de los corderos con su lana que les quema,
la única solución para su calor está en la lumbre”
Michel Rosales
El cansancio agobia y a veces parece que no podemos continuar, vemos a nuestros amigos y parientes en sus fiestas, en sus reuniones sociales, y nosotros quisiéramos también estar con ellos, pero de repente recordamos que hemos asumido compromisos y que, por lo tanto, debemos privilegiarlos y concluir aquello que nos gusta y que por ello nos hemos comprometido a hacerlo. ¿Queremos éxito?, pues bien, la responsabilidad es el precio del éxito, pues esa es la única plataforma sólida para lograr llegar sanos y salvos a nuestra meta.
Dejemos atrás esa vieja práctica de los grupos de simuladores, y a la vez desleales, que solo a través del “amiguismo”, o de la traición a aquellos que les tendieron la mano, llegan fácilmente a niveles de aparente éxito, y reitero, de aparente éxito, pues esos traidores con trajes de “arrogantes” caen tan rápido como subieron. De estos últimos abundan en la política de cualquier Estado de la República, pues de repente vemos a ineptos que le hacen un flaco favor a quien los ha favorecido con algún cargo de cierta importancia, y van cometiendo error tras error; fanfarrones que solo buscan engrosar el curriculum para sentirse grandes en alguna presentación pública y se marean al subirse en un ladrillo de poder, para que al final terminen por morder la mano de quien les dio la oportunidad.
No, no seamos como esos fantoches; no demos ni un paso atrás a nuestro compromiso de emerger por nosotros mismos, es más largo el camino pero más satisfactoria la victoria; y les aseguro que al final, podremos caminar con la cara levantada, saludaremos a todos pero no por interés como ahora lo hacen algunos pájaros madrugadores que quieren volar con el apoyo de “padrinotes” al saber que ellos son unos auténticos “don nadie” para lograrlo por sí mismos.
¡Seamos!, no aparentemos; y aunque el cansancio en ocasiones nos empuje a mandar todo al demonio, recordemos que nadie va a hacer por nosotros lo que nosotros no hagamos por nosotros mismos.
El regalo más grande que le puedes dar a las siguientes generaciones, es el buen ejemplo de tu propia vida, ¡ni un paso atrás!
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.


