Pido la palabra
Siempre tratando de llamar la atención, procura hacer toda clase de bufonadas para hacer sentir su presencia, se hace el chistoso pensando que con ello lo verán como gente simpática, hace chistes a costa de los demás, les juega bromas a todo aquel que se deje si con ello logra captar la atención de la gente.
Tipo insufrible que a veces ni sus amigos lo soportan, aunque él mismo se conciba como el centro de atención, y lo único que logra es evidenciar su inseguridad detrás de esa máscara de falsa simpatía.
Su obsesión por sentirse admirado lo hace convertirse en un auténtico patán; un mediocre a quien le aterra la soledad, esa soledad a la que está destinado si es que no reacciona a tiempo y corrige su patética actitud chicharronera.
El problema con estos sujetos es que siempre están rodeados de otros igual de obtusos que Él, y como todo se lo celebran, termina por creer que en verdad es el ombligo del mundo.
Pobres pájaros de barro, quieren volar, pero son tan pesados que terminan en el mismo lodo de donde salieron; creen merecerlo todo, pero nada hacen para ganárselo; el destino les enseñará que la vida que se desaprovecha en nimiedades los castigará con altos intereses de indiferencia.
Tú, joven que me lees, es verdad que la vida debe disfrutarse, beberse sorbo a sorbo hasta agotar el máximo de plenitud; pero jamás pienses que la mejor manera de tener éxito es simulando lo que no eres, porque con el paso de los años terminarás con las manos vacías y sin los falsos amigos que hoy te lo celebran todo; te sientes el Rey, cuando tal vez, no te des cuenta que te consideran el bufoncito de la fiesta.
Los que aprovecharon su tiempo, mañana tendrán su premio; en cambio esos bufones que ponen barreras al conocimiento, si acaso solo serán recordados como aquellos inmaduros que terminarán su vida en la mediocridad de la que no hicieron lo necesario para salir.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.


