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El poder del cuento y la narrativa irónica como forma de crítica social

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CONTORNOS LITERARIOS

Título del libro: Confabulario

Autor: Juan José Arreola

Editorial:Joaquín Mortiz, S.A de C.V. 

Año: 1963

Una última confesión melancólica. “No he tenido tiempo de ejercer la literatura. Pero he dedicado todas las horas posibles para amarla. Amo el lenguaje sobre todas las cosas y venero a los que mediante la palabra han manifestado el espíritu, desde Isaías a Franz Kafka. Desconfío de casi toda la literatura contemporánea…”. Estas son algunas de las palabras expresadas por Juan José Arreola en su presentación De memoria y olvido, incluida en su obra Confabulario, al menos en la reimpresión del año 2003, compuesta por 28 cuentos. En esta ocasión presento la reseña de esta obra, entre muchas otras posibles, debido a la importancia simbólica y a la trascendencia de sus cuentos o relatos breves, que son también una forma de crítica al mundo absurdo que vivimos; algunos funcionan como burla de lo cotidiano y otros permiten que cada lector les otorgue un significado distinto, de acuerdo con sus circunstancias o experiencias de vida.

La primera enseñanza que nos deja el autor es identificar la sutil diferencia que existe entre dedicarse a algo y amarlo, distinción que no siempre se complementa. En la presentación, Arreola destaca su formación autodidacta y el hecho de que, a los doce años, ya había leído a Baudelaire, Walt Whitman, entre muchos otros autores. También manifiesta su fascinación por las conversaciones de la gente del campo, los dichos populares y las canciones, así como su interés por dialogar y compartir con las nuevas generaciones de la literatura mexicana.

Si bien no concluyó sus estudios formales de secundaria, fue autodidacta de lectura intensa, teatro y una figura relevante en los círculos literarios no solo de México, sino del mundo. Gran parte de sus biógrafos lo describen como un joven que desempeñó diversos oficios, desde actor y editor, hasta, como él mismo lo señala: vendedor ambulante, comediante y panadero.

Al final, J. J. A., como suele firmar, es un autor imprescindible no solo por ser mexicano, sino por la relevancia de sus obras para cualquier lector, por la humildad expresada en sus textos y por su grandeza, reconocida con el Premio Nacional de Letras y Lingüística en 1979 y el Premio Internacional de Literatura Juan Rulfo en 1992. Su biografía apunta a un fascinante interés por la escritura desde los diez años de edad y, aunque se desempeñó en diversos oficios para sobrevivir, nunca abandonó su pasión artística.

En Confabulario, se observa un estilo singular en los cuentos, con enseñanzas que influyeron en diversas generaciones de escritores y, más importante aún, en las reflexiones que deja a cada lector. En lo personal, hay ocasiones en que algunos relatos nos despiertan y nos colocan en la escena, pero al mismo tiempo generan sensaciones de incertidumbre y de absurdo; incluso algunos incomodan. ¿Por qué pueden incomodar? Porque someten al lector a una crítica de lo absurdo, de la sociedad moderna entendida como futurista o mecanizada, donde la ciencia y la técnica deshumanizan, o donde la publicidad ironiza la aberración extrema del consumo.

Asimismo, Confabulario es una crítica a aquello que hemos normalizado socialmente, incluso en lo cotidiano, como la asunción de roles sociales falsos, el uso de caretas que ocultan nuestros propios deseos o incomodidades. En el texto “Una reputación”, por ejemplo, se invita a reflexionar sobre los extremos a los que pueden llevar estos roles y la presión social no escrita, pero presente en cada acción, en el transporte o en el trabajo. Por ello, es una obra que constantemente nos transporta a las escenas planteadas y nos incomoda porque rompe esquemas, lo cual considero parte de la riqueza de estos textos, además de mostrar la soledad humana e incluso permitirnos reír del poder y de la razón.

Tal es el caso de “El guardagujas”, donde se establece un diálogo entre un viajero y un guardagujas en una estación de tren. El relato muestra lo absurdo de algunas reglas que regulan el mundo moderno y, en general, los sistemas que ordenan la vida humana, llevándonos a la desesperación y a la incertidumbre del tiempo: no saber cuándo pasará el tren que nos lleve a nuestro destino, o incluso no tener certidumbre si pasará, pues cualquier destino es posible, lo que funciona también como un símil de la vida.

Por esta razón, la obra puede interpretarse desde varias aristas: como crítica social o como una forma de acercamiento a la reflexión filosófica sobre la vida, las rutinas y lo absurdo y contradictorio de ciertas reglas del sistema que conducen a todos lados menos a donde se ha planeado. Para quienes explican esas reglas, como el guardagujas, todo resulta natural y simple; sin embargo, el ser humano se somete a ellas con miedo, incertidumbre y contradicción.

Es el caso del texto “El pacto con el diablo”, si bien se muestra la negociación del diablo por las almas, también se evidencia la condición social de la pobreza que empuja a ciertas decisiones. El protagonista, al observar en el cine el trato del diablo con Daniel Brown y percatarse de que su vecino es el mismo diablo, está a punto de firmar un contrato similar, no por ambición, sino por el deseo de ofrecerle a Paulina, su amada, una vida alejada de la pobreza. Aunque el relato sugiere la posibilidad de decisiones libres, también muestra cómo estas se ven condicionadas por la necesidad: el pacto no es voluntario cuando las opciones son mínimas. Así, aunque el sujeto parezca responsable de sus actos, en realidad actúa dentro de estructuras que limitan su libertad real.

Esta reflexión resulta sociológica y filosóficamente pertinente, lo mismo que la crítica brutal al capitalismo moderno en “Baby H. P.”, donde se propone aprovechar, mediante una máquina, la energía producida por los niños o los miembros del hogar, reduciendo al ser humano a su capacidad de generar energía. Sin duda, cada lector encontrará en estos textos un significado o una trascendencia filosófica propia sobre la vida.

José Iván Ramírez Avilés es profesor, investigador y posgraduado en estudios socioterritoriales. Sus intereses se centran en el análisis crítico de la cultura y los procesos urbanos contemporáneos desde una perspectiva humanista.

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