TIEMPO ESENCIAL
En el marco del 475 aniversario de la fundación de la Real y Pontificia Universidad de México –antecedente directo de la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1551–, resulta pertinente analizar el proceso en el que la filosofía se hizo presente en las instituciones académicas de nuestro país.
Su inmediata integración a la Real Universidad de México –a partir del inicio de sus cursos en 1553–, indica su importancia en el orden social, científico y cultural del mundo occidental, al cual se pretendía integrar a los pueblos recién conquistados.
Haciendo una comparación histórica, basta saber que, en los Estados Unidos, la Universidad de Harvard tardó más de 200 años en abrir la primera cátedra de Filosofía en su claustro, cuando en México y otras colonias hispanoamericanas las universidades ya contaban con una sólida tradición filosófica.
Sin embargo, no fue la Universidad de México la primera institución en impartirla en nuestro país.
Todavía sin concluir el proceso de la conquista, ciertas instituciones educativas organizadas bajo el nombre de “colegios” –a la manera que se estilaba en Europa–, se anticiparon a la creación de la Universidad. El más conocido de ellos, fue el de la Santa Cruz de Santiago de Tlatelolco (fundado en 1536), con personajes tan ilustres como fray Bernardino de Sahagún o Juan de Zumárraga, entre otros.
Uno de los principales objetivos de dichos planteles consistió en educar a los descendientes de la nobleza indígena –sobreviviente de las guerras de conquista–, en los conocimientos científicos, artísticos y teológicos necesarios para la organización de la nueva sociedad colonial.
Fue fray Alonso de la Veracruz, de la orden de los agustinos, quien, en el marco de la gran obra misionera y humanista desarrollada por Vasco de Quiroga (Tata Vasco), tomó la iniciativa de fundar el Colegio Mayor de Tiripetío, situado en el actual estado de Michoacán, dirigido a la formación de clérigos y autoridades nativas; pues ese era el cometido original de los colegios llamados “de indios”.
El de Tiripetío se considera como el primer claustro donde se impartió sistemáticamente el estudio de la Filosofía (conocida entonces como Artes) en el continente americano, pues data de 1540 (o 1542, según otras fuentes); es decir, apenas 19 años después de iniciada la conquista de México.
Así pues, la filosofía académica se adelantó a la Universidad, no en la capital de la Nueva España, sino en un pueblo indígena, donde Alonso de la Veracruz inició su enseñanza.
La misión humanística que movió la creación de los colegios para indígenas y dio nacimiento a la filosofía en México, acusa entonces la impronta de la realidad natural y social de la naciente colonia, que impulsó a sus docentes y alumnos a ir más allá del marco general en que se desenvolvía la enseñanza superior de las universidades europeas.
Colegios como el de Santiago de Tlatelolco, el de Tiripetío y otros más, impulsaron el proyecto que sustentaban sus patrocinadores (entre ellos el emperador Carlos I de España y V de Alemania) y a sus fundadores, bajo la tradición humanista que resplandecía en esos momentos en la Universidad de Salamanca; centro del movimiento conocido como Siglo de Oro español.
Así pues, resulta plausible plantear que, a partir del propio Alonso de la Veracruz y otros eclesiásticos, juristas o académicos de los colegios surgidos antes de la fundación de la Real y Pontificia Universidad, la realidad mexicana fue cobrando razón y sentido propios con la ayuda de la filosofía y la incipiente ciencia de su tiempo; alimentadas por las inquietudes renacentistas que bullían entonces en la metrópoli española.
Aunque los prejuicios e intereses contra la educación indígena terminaron por disminuir su influencia, los colegios de indios lograron, a largo plazo, heredar una visión filosófica, pedagógica y política singular en la conformación de la identidad mexicana, madurada en los siglos posteriores; en algunas ocasiones, con el apoyo, y en otras, con la resistencia u oposición abierta de las autoridades educativas, religiosas y seculares de la colonia.
Se ha vuelto lugar común afirmar que la conquista de México se llevó a cabo con la espada y la cruz; pero ha de incluirse también a la corriente humanista, impulsada por los fundadores de los colegios, que tal vez no alcanzó plenamente su propósito inmediato (crear una clase ilustrada indígena y fomentar la identidad cultural entre conquistadores y conquistados), aunque sí, heredar sus valores morales y conocimientos filosóficos y científicos no solo a las élites, sino también a los movimientos sociales, culturales y políticos más importantes de nuestra historia.
Felicidades pues, a la UNAM en su 475 aniversario y a su Facultad de Filosofía, que es parte de ella desde entonces, pero que tiene en el Colegio de Tiripetío una raíz más profunda de lo que comúnmente se aquilata.
Hasta la próxima entrega de Tiempo Esencial, quedo pendiente de sus comentarios.


