El nuevo papel de los hombres

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Un Adulto Responsable

– He llamado a todas las floristerías de cinco estados, les dije que era la única manera de que mi esposa se casara conmigo.
– ¡Ni siquiera me conoces!
– Tengo el resto de mi vida para conocerte.

Frase de “El Gran Pez” de Tim Burton 

Con el empoderamiento de las mujeres y su pensamiento cada vez más crítico, a los hombres nos han señalado como seres inferiores, personajes a un paso de ser unos inútiles o, peor aún, personas que lejos de evolucionar hicimos todo lo contrario: retrocedimos en la escala.

Y es que, ejemplos hay por millones. Desde aquel que no sabe valerse por sí mismo y espera que todo lo solucione “la persona que está a cargo de él” (llámese mamá, esposa u alguna otra persona) hasta el que piensa que el tener cierto grado de estudios o venir de una familia con apellido de abolengo le da derecho a sobajar a las personas que le ayudan en esta vida.

Históricamente a los hombres siempre nos ha faltado “el tostón para llegar al peso”. Nunca somos lo suficientemente paternales, lo suficientemente maduros, lo suficientemente solventes económicamente. No importa qué tanto nos esforcemos, siempre parece que nos hace falta algo.

Y no es precisamente que luchemos demasiado por quitarnos ese estigma, que no nos beneficia. Nos burlamos del “doble Día del Hombre”; tomamos tan poco en serio nuestra salud que hay todo un mes dedicado al tema específicamente de nuestro género; y nos despreocupados por crear relaciones afectivas fuertes – tanto con el género contrario como con el nuestro (en el que muchas veces se demuestra el cariño a partir de insultos y desprecios)-.

Es cierto que ha habido avances en temas como el machismo y contra la misoginia, pero hay tantos puntos equidistantes en esos menesteres que es difícil dejar afuera de la ecuación a la violencia que hay dentro de nosotros, que termina siendo necesaria para hacernos escuchar y defender nuestro punto de vista o nuestros intereses cuando es necesario.

Atrás han quedado los “hombres románticos” que  se humillaban para conseguir el amor de una mujer, y aunque personalmente creo que eso está muy bien, porque un amor sin libertad de elección no debería existir, también es verdad que nos fuimos al otro extremo, en el que “siempre estamos bien”, en el que no nos damos la oportunidad de sentir, de expresar, de buscar sentimientos profundos.

Nos falta tanto por aprender, por descubrir, por sentir, por vivir, pero como hay ejemplos “malos”, también hay hombres que han logrado sobresalir en cada aventura, que se volvieron  padres verdaderamente presentes, que se convirtieron en personas capaces de realizar las tareas más pesadas con destreza pero también las de cuidado con la ternura y el cariño con los que deben hacerse, siguen por ahí los poetas, los activistas, los que miran más allá del pequeño universo que se construyeron.

Nos falta muchísimo para entender un papel en el que debemos de salir de nuestra zona de confort, en el que nuestra realidad tarde o temprano nos dará una fuerte bofetada y en el que debemos mejorar en cada aspecto sin perder el equilibrio, pero ojalá no tardemos en descubrir que eso es inherente al ser humano, que como diría Fernando Birri (cita mal atribuida a Eduardo Galeano): “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

Ojalá sigamos sintiéndonos incómodos, solos y atrapados, porque solo así podremos dar el siguiente paso, el que nos obligue a avanzar.

Nota: Hablando de la salud del hombre, ¿ya se aplicaron la vacuna contra el sarampión? Recuerden que es muy importante.

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