DES-prográmate y Ámate
¿Y si el problema no es que no sabes comunicarte, sino que aprendiste a hablar en clave?
Hay algo que pasa muchísimo en las relaciones: decimos una cosa, pero esperamos que la otra persona entienda otra. Muchas veces nos da miedo decir directamente lo que necesitamos.
Decimos “estoy cansado” cuando en realidad queremos decir “necesito ayuda”. Decimos “haz lo que quieras” cuando queremos decir “me dolió y necesito saber si te importo”. Decimos “no pasa nada” mientras por dentro estamos haciendo corajes. Y ese clásico “estoy bien” a veces significa: “no quiero ser una carga”, “me da miedo que te alejes si ves cómo estoy” o “no sé cómo explicar lo que me pasa”.
El problema es que esperamos que el otro haga la traducción sin darle el diccionario.
Y aquí viene algo todavía más interesante: tampoco escuchamos desde un lugar neutral. Cada uno interpreta lo que recibe desde su propia historia y desde el estado de su sistema nervioso.
Si creciste en una casa donde el cansancio terminaba en enojo, quizá escuches que alguien está cansado y pienses que está molesto contigo. Si has vivido abandono, un “haz lo que quieras” puede sentirse como que ya no importas.
Muchas veces no respondemos a lo que la otra persona dijo, respondemos a lo que esas palabras activaron en nosotros.
Cuando el sistema nervioso percibe amenaza, entramos en defensa: peleamos, huimos, nos congelamos o complacemos. Y desde ahí es mucho más difícil escuchar con claridad. Es como ver una película con los subtítulos equivocados: la escena es la misma, pero la historia que estamos leyendo es otra. Por eso hablar de comunicación también es hablar de regulación.
Antes de preguntarte ¿por qué me dijo eso?, quizá valga la pena preguntarte: ¿qué está pasando conmigo mientras lo escucho? ¿Estoy escuchando lo que ocurre hoy o estoy reaccionando a algo que ya viví?
Desde el trabajo somático sabemos que el cuerpo también participa en cómo interpretamos y nos vinculamos. Cuando logramos bajar la alerta, aparece algo sencillo pero poderoso: la posibilidad de preguntar en lugar de asumir:
Cuando dices que estás cansado, ¿qué necesitas de mí?
Cuando dices que no pasa nada, ¿quieres hablar o necesitas espacio?
Cuando dices haz lo que quieras, ¿qué estás tratando de decirme?
Y también está la otra mitad: aprender a hablar más claro. Hay que decir que estamos cansados y que necesitamos ayuda en lugar de esperar que lo adivinen, que algo nos dolió en lugar de lanzar un “haz lo que quieras”. Hay que decir que no estamos bien y que no sabemos cómo explicarlo, en lugar de fingir que todo está perfecto.
La comunicación que construye vínculos no consiste en encontrar las palabras perfectas, consiste en tener el valor de traducir lo que sentimos y la disposición de preguntar cuando no entendemos.
Porque quizá muchas discusiones no nacen de que no nos queramos, sino de que llevamos demasiado tiempo hablando en idiomas emocionales que nadie nos enseñó a traducir.
Este 30 de septiembre, Día Internacional de la Traducción, quizá podemos preguntarnos: ¿qué estoy diciendo y qué necesito realmente que el otro entienda? Porque tal vez ahí empiece una conversación distinta, no perfecta, pero sí más humana.


