10.5 C
Hidalgo
miércoles, enero 14, 2026
970x250

El eco de nuestras voces

Más Leídas

RETRATOS HABLADOS

Poco a poco la sociedad en que vivimos, sea del terruño paterno y materno, o del mundo entero, ha desembocado en un hecho que solo un personaje como Donald, no el pato, sí el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, pudo haber evidenciado: el ser humano tiene por tendencia escucharse solo a él mismo. Los demás nunca le han interesado.

Porque, más allá de que vivamos una vida “líquida”, igual que los tiempos, el sociólogo polaco, Zygmunt Bauman, describió con profundo pesar el resultado que ha traído la tecnología en los seres humanos de nuestros tiempos, caracterizada por una dramática soledad y un continuo murmullo multitudinario que no habla de comunicación sino de ecos que solo pueden escucharlos quienes los producen.

Pasamos de la certeza que no habría barrera que detuviera la relación universal de las personas en el mundo entero, con el advenimiento de la internet, a una búsqueda frenética por querer retener retazos de la realidad en una soledad tan absoluta, que arribamos al uso de la inteligencia artificial para celebrar que el eco de nuestros pensamientos, que logra dicho artificio luego de algunos meses, es lo que buscábamos.

No sé si a usted le haya pasado, pero lo que en un momento aventuramos a calificar como casi un milagro, resulta que no es así, que, con atención al pecado más simple y condenable, la soberbia, no paramos de asegurar que la IA era algo único, porque logró entregar el eco constante de lo que pensábamos, aderezado con el lujo de que lo reproducía una máquina.

Todos, de un modo u otro, padecemos el mismo mal de los Emperadores del Universo: nos satisface escucharnos, leernos, confirmar que la IA coincide en todo lo que pensamos, al tiempo que negamos que se trata de un simple espejo para ególatras.

Es el padecimiento de la humanidad: la creencia de que podemos dejar la soledad a partir de murmullos, los nuestros, y una creciente dependencia de redes sociales, que son solo lo primero, redes, donde la sociedad la conforman multitudes de solitarios.

Como resultado, el rey de estos tiempos es el más ególatra, el que se pregunta y contesta solo, el que se pide atacar a países que se le pongan en su camino, y él mismo, se convence de que la mejor opción es la que le dicte su conciencia, si es que la tiene.

Es el drama de la era que nos apresuramos a calificar de la comunicación, porque no la hay, porque el temor a la soledad crece diariamente, y el engaño de que escuchar los ecos de nuestra voz es la salvación, solo nos ha llevado a una situación trágica.

Vea a cada uno de nuestros hombres de poder, incapaces de atender la palabra de otros y no solo la suya.

Por eso el sociólogo polaco es el más citado en estos tiempos, porque ante la incapacidad de comunicarse, porque esto implica apego, lo mejor es lo efímero, lo que no permanece, lo que se esfuma, lo que simplemente no se puede retener porque es algo líquido, algo que vivió un diminuto espacio de tiempo en nuestras vidas.

¿Y el remedio? Nosotros mismos, nuestros ecos.

Mil gracias, hasta mañana.

Autor

Artículo anterior
Artículo siguiente