¿Hay después?
Resulta una pregunta constante en la vida de todo ser humano, ante la duda, ante el miedo permanente a que todo acabe en nada.
Pero el mismo cuestionamiento es el que ahora se hace un buen número de mexicanos, ante el panorama cada vez más incierto y complicado, en el que la lucha política se ha trasladado al escenario carnavalesco y propio del vodevil, donde unos y otros se linchan en las mal llamadas “benditas” redes sociales.
Umberto Eco, el filósofo y escritor italiano, alertó sobre las consecuencias que traería esta nueva forma de “comunicarse”, aunque lo más indicado es, de “lincharse”, en una arena sin reglas, donde impera una “legión de idiotas”, y donde la fuente de una verdad tiene como origen el número de “likes”, o el número de veces que es compartido algo, lo que sea, pero compartido.
¿Hay un después?
La banalización de la misma realidad es lo que impera en las redes sociales, con una tendencia a glorificar la violencia, y el escarnio ajeno, como consuelo al dolor existencial. Pero eso no soluciona nada.
Debiera existir un movimiento que llevara a recuperar la capacidad real del pensamiento humano, no de la inteligencia artificial, para devolver el valor a la palabra, no solo a la que se pronuncia, sino a la escrita. Hoy como nunca es de vital importancia recuperar la vocación por la lectura, como única posibilidad de salvación, no solo para el ciudadano común y corriente que somos casi todos, sino para los que ejercen el poder.
Así, con un profundo respeto por la inteligencia, tal vez a la pregunta original, fundamental de, “¿hay después?”, podamos responder que sí, que es posible si la inteligencia es recuperada.




