TLAMATINI
“Ese absurdo”
Para Albert Camus, la rebelión sostiene la resistencia: el rechazo obstinado, total y firme ante cualquier sistema que intente poner a los seres humanos de rodillas. La dignidad es el punto de partida; por eso, la rebelión no surge de la ambición política, sino de un sentimiento visceral de injusticia. Es el acto de decir “basta” cuando se cruza la línea que pisotea lo humano. Ese rechazo a arrodillarse es, en esencia, la afirmación de que existe algo en la condición humana que merece ser respetado de forma incondicional.
La rebelión nace primero en el corazón y luego se traslada a la mente; así es como germinan las ideas. El impulso inicial es una reacción emocional y casi biológica ante el dolor o la opresión, pero para que esa rebelión se convierta en una fuerza constructiva y coherente, requiere pasar por el filtro del pensamiento. Exige claridad para no replicar los mismos abusos contra los que lucha.
Así, la resistencia se erige como un acto de lucidez. En un mundo que Camus consideraba absurdo, resistir con firmeza frente a la opresión se convierte en la única vía para dotar de sentido a la propia existencia. No se trata de alcanzar una utopía imposible, sino de no rendirse en el presente.
Escribir es, precisamente, ese puente. Con frecuencia comenzamos a redactar desde una urgencia vital: un malestar, una intuición difusa o un dolor que apenas logramos sentir. El acto de volcar palabras sobre el papel nos obliga a ordenar ese caos emocional, a darle contorno y a transformarlo en un pensamiento lúcido capaz de ser comunicado.
Por eso resulta profundamente triste enterarse de que Ediciones Era, una de las editoriales independientes más emblemáticas de México, anunció el cierre de sus operaciones tras 66 años de trayectoria. Fundada en 1960, la casa editorial comunicó su decisión a través de una carta dirigida a sus lectores y amigos, atribuyendo el cese de sus actividades a las drásticas transformaciones del mercado del libro y a una caída sostenida en las ventas.
Es un hecho que genera tanto desencanto como frustración. Figuras señeras de la literatura mexicana y latinoamericana —como Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, Octavio Paz, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, José Revueltas y Sergio Pitol— formaron parte de su catálogo. Desde hace años imaginaba la posibilidad de sumar mi nombre a esa estirpe con un libro publicado bajo su sello, una meta que hoy queda cancelada ante la imposibilidad de que la editorial continúe publicando obras.
Para Camus, la opresión no siempre adopta la forma de la censura política directa o la represión militar. A menudo, la dinámica del sistema —el mercado voraz, la mercantilización de la cultura, las crisis económicas y la concentración empresarial— asfixia a los sellos independientes. Que una casa como Era cierre sus puertas es, en muchos sentidos, un mecanismo silencioso que intenta poner de rodillas al pensamiento crítico y a la diversidad de voces de las letras mexicanas.
Es imposible no contemplar este acontecimiento con una mezcla de indignación y trágica lucidez. El ecosistema editorial contemporáneo padece ese “absurdo” en el que el valor de una obra suele medirse por su rentabilidad económica y no por su capacidad para conmover, cuestionar o transformar al lector.



