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sábado, febrero 7, 2026
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Doña Quetis

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RELATOS DE VIDA

Doña Queta tenía tiempo viviendo sola. Don Teófilo, su compañero desde niños cuando eran amigos, y de jóvenes cuando se casaron, se le había ido hace casi 5 años, y aunque desde pequeña ha sido independiente, la ausencia del hombre de su vida, le seguía pegando.

“Quetis” (como es conocida) es una mujer de edad avanzada, muy alegre y dicharachera, aunque también se carga un genio de los “mil demonios”, como dicen en su pueblo, porque no se queda callada y habla directo, fuerte y sin tapujos.

En su casa habitualmente anda movida desde muy temprano, limpia las jaulas de sus cotorritos y les da de comer; riega sus plantas esparcidas en la terraza y después lava el patio.

Al interior de su casa, primero prepara la comida, después barre y trapea, se mete a bañar, y reposa su baño en su mecedora mientras cose alguna servilleta o teje un gorro o bufanda, pero nunca está quieta.

Pese a que la pasaba bien, andaba activa y disfrutaba de su soledad, a veces le pesaba la rutina, quería hacer otras cosas, cambiar de vida, pues era una fiel creyente que la edad no es impedimento para disfrutar al máximo, pero lo dejaba como un pensamiento y realizaba lo mismo día con día.

Una mañana, cambió la limpieza de su hogar, por unas clases de zumba que se transmitían por la televisión, como podía hacía los movimientos, pero se mantuvo firme sin rendirse, a punto de alzar su victoria por la resistencia. Al hacer un paso, trastabilló con los pies y cayó de rodillas al piso.

El golpe le causó una fractura en la pierna, y la mantuvo tirada llorando de dolor y gritando para ser socorrida. A los 10 minutos, luego del esfuerzo por bailar, el sufrimiento por su pierna, y los intentos fallidos al pedir ayuda, perdió la conciencia y se desmayó. 

En ese trance de sueño, observó a una hermosa mujer de larga cabellera, se le notaba sonriente y feliz, volaba y disfrutaba del viento y la libertad para moverse a cualquier espacio que se le ocurriera, hasta que un muro frenó su viaje y cayó estrepitosamente del cielo.

La caída en el sueño la despertó en la realidad, con un dolor indescriptible, pero con un nuevo recuerdo, la mujer que volaba era ella y el muro que la tumbó eran sus padres que le impidieron desarrollar al máximo las habilidades con las que nació.

Queta era una bruja, desde niña presentía o predecía situaciones, a veces realizaba hechizos y pócimas para ayudar a su familia o seres queridos, y en las noches, mientras todos dormían se alzaba en vuelo, hasta que un día sus padres le prohibieron su doble vida.

Así que una vez que recordó su verdadera vida, cerró los ojos, enunció una plegaria mientras sus manos tocaban la pierna y emanaba una luz cegadora que sanó la fractura; se incorporó, caminó a su cuarto para cambiarse de ropa, y alzó su vuelo. Había vuelto, y su vida ahora sí estaba completa.

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