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miércoles, enero 7, 2026

Día de Reyes: lo que esperas, lo que no llega y lo que sigues cargando 

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DES-prográmate y Ámate

El Día de Reyes suele verse como una fecha infantil, pero simbólicamente es mucho más que eso. Es un día que habla de la espera.

De pequeños nos enseñaron que si nos portábamos bien, algo iba a llegar, un premio, una recompensa. Y crecimos, pero esa lógica no se fue, se quedó viviendo en nuestro cuerpo.

Tal vez hoy ya no esperamos juguetes, pero esperamos cosas más complejas: que alguien nos elija, que alguien se quede o que algo por fin se acomode. A veces solo esperamos descanso, claridad, o simplemente que algo deje de doler, y tal vez no lo pensamos así conscientemente, pero nuestro cuerpo sí lo sabe, el cuerpo recuerda la espera. 

La sensación de espera no es neutra, cuando esperamos algo importante, el cuerpo se activa, se prepara, se mantiene atento, es por eso que te mientes cuando te das cuenta de que la sensación es física. El problema no es esperar, el problema es cuando lo esperado no llega, porque tu cuerpo no interpreta eso como un “no pasa nada”, lo interpreta como una pérdida.

Y justo aquí es cuando aparecen sensaciones difíciles de nombrar: cansancio sin razón clara, enojo difuso, una tristeza silenciosa. No es exageración ni debilidad, es una respuesta humana. El cuerpo se preparó para recibir y no recibió.

Con el tiempo, muchas personas adultas seguimos esperando como niños, no por inmadurez, sino porque así aprendimos a vincularnos. Esperar validación, permiso o rescate fue, en algún momento, una forma de sobrevivir. El problema llega cuando esa espera se vuelve permanente. 

Enero es un mes que suele confrontar, por eso se acaban las distracciones y aparece una sensación incómoda de no saber qué falta, pero creer que algo falta. No siempre es apatía, muchas veces es solo cansancio de tanto esperar.

El giro terapéutico no está en dejar de desear, sino en preguntarnos desde dónde seguimos esperando. Porque crecer no es dejar de necesitar, sino aprender a no abandonarnos mientras necesitamos.

Y quizá la pregunta importante no es qué llegó este año, sino: ¿qué sigo esperando que nadie va a venir a darme y que tal vez ya podría empezar a darme yo?

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