Si los gatos desaparecieran del mundo es una historia publicada en 2012, por el cineasta y escritor Genki Kawamura.Originalmente se dio a conocer por entregas, para posteriormente emitirse como novela completa por parte de la Magazine House en Japón.
La historia gira en torno a un cartero de 30 años cuyo nombre no se menciona y quien recibe la noticia de que tiene un tumor en el cerebro y su muerte está próxima. En su casa, se le aparece el diablo, quien le propone un trato: desaparecer un objeto del mundo a cambio de un día más de vida. Al aceptar el trato, el protagonista se propone prolongar su vida de manera casi indefinida barriendo el mundo de cosas “sin importancia”: elimina al teléfono, al cine, los relojes. Cuando al diablo le dice que lo próximo a desaparecer son los gatos, el protagonista tendrá que enfrentarse con una decisión crucial que lo lleva a acciones radicales y a cambios personales trascendentales.
A nivel histórico, los gatos, parecen tener una larga data en el arte japonés. En el imaginario antiguo, la figura del felino tomó dos principales vertientes: los rurales y los urbanos, destacando para el primer caso Crónicas de la era Kanpyō, Genji Monogatari y la anécdota de Fujiwara Kiyokado; los gatos en este contexto aparecen en el relato con la finalidad de elogiar a su humano. Col es el gato del protagonista de Si los gatos desaparecieran del mundo, sin embargo, y aunque no es el principal sujeto del relato, sí es un agente nodal, pues acompaña, y se vuelve el pretexto que hace que su dueño, deje de evadir sus sentimientos y acepte los duelos, miedos, y deudas que tiene. Es la decisión que debe de tomar acerca de vivir un día más a costa de la desaparición de los gatos, o morir como está predicho, lo que detona el cambio sustancial en él y lo hace enfrentar sus duelos. Ama a Col y la idea de perderlo lo lleva a reflexionar sobre su pasado y sus relaciones personales no sanadas.
Al inicio del relato, el protagonista oscila entre la furia por su enfermedad, los recuerdos de aceptación de la muerte de su madre, y la disociación por su padre, a quien culpa de no haber estado presente cuando su madre muere. La pérdida paulatina de objetos aparentemente poco importantes, lo lleva a revalorizar y rememorar sus vínculos emocionales, familiares a partir de los elementos materiales que van desapareciendo. El detonador final que acaba con su proceso evasivo es la posibilidad de perder a Col, quien no solo es un ser al que ama, sino que también representa un vínculo con su madre muerta y con su propio padre.
A pesar de estar escrita con mucha simplicidad y sencillez, Si los gatos desaparecieran del mundo es una novela con un subtexto más complejo: el pacto con el diablo es el camino que lleva al protagonista a rememorar y aceptar sus sentimientos de manera paulatina a partir de más pérdidas de lo que en un inicio le parecen objetos sin sentido. Con un sentido un tanto animista, los objetos parecen imbuidos de un alma que se traduce en los recuerdos y las interacciones pasadas y significativas que tiene el sujeto con dichas cosas.
Para el protagonista, Col, su gato, representa el pasado, el presente, el calor, bienestar, la posibilidad de sanar y de mejora; es el que lo lleva a su última transformación y por ello, se convierte en el verdadero eje que permite la liberación final de su humano. Es una representación casi literal de cómo los animales son lo único puro en el mundo, capaz de salvar al ser humano del dolor, egoísmo y tristeza.
Sarahi Isuki Castelli Olvera es Doctora en Ciencias Sociales (UAEH). Profesora Investigadora de la Facultad de Comunicación en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Línea de investigación: Cultura visual en la gráfica contemporánea. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 1


