16.7 C
Hidalgo
miércoles, marzo 11, 2026

Cuando la política se muda al servidor

Más Leídas

RETRATOS HABLADOS

La política actual ha dejado de ocurrir en la plaza pública para mudarse al servidor. Hoy, el estratega no busca convencer al vecino de carne y hueso, ese que padece el bache o la inseguridad, sino que persigue al «avatar»: esa representación digital segmentada por un algoritmo que solo consume lo que confirma sus prejuicios. 

Como bien advertía la politóloga alemana, Hannah Arendt, la política muere cuando se pierde el sentido de realidad compartida. En México y el mundo, hemos sustituido la gestión de lo público por la gestión del simulacro. El político ya no quiere resolver un problema, quiere «ganar la conversación» en redes sociales, aunque esa victoria sea una ficción sostenida por granjas de bots y seguidores sordos al argumento.

Esta degradación es profunda porque vacía de humanidad el ejercicio del poder. 

El vecino, con sus necesidades complejas y su derecho al disenso, estorba; es mucho más cómodo interactuar con una audiencia digital que no cuestiona, sino que reacciona con un clic emocional. 

Estamos atrapados en lo que el filósofo francés, Jean Baudrillard llamaba el hiperrealismo, donde la imagen del éxito político es más importante que el éxito mismo. Los ideales han sido devorados por la métrica de engagement, y el debate de altura ha sido reemplazado por el «meme» que descalifica. 

Al final, cuando el simulacro se rompe, nos queda una sociedad fracturada donde el gobernante solo le habla a su espejo digital, ignorando que, fuera de la pantalla, la realidad sigue esperando soluciones que un «like» jamás podrá ofrecer.

Para romper el hechizo del simulacro, el ciudadano debe dar un paso que hoy parece revolucionario: reclamar la presencia física. La política del «avatar» sobrevive gracias a nuestra pasividad frente a la pantalla, donde el algoritmo nos mantiene aislados en burbujas de confirmación. El primer acto de resistencia es reconocer que el vecino, con sus carencias y opiniones distintas, es más real y necesario que cualquier tendencia en redes sociales.

Debemos transitar del «clic» a la asamblea, del comentario digital al diálogo en la calle. Como sugería la Arendt, el poder real no emana de la fuerza ni del ruido mediático, sino del acto de concertación entre personas que se miran a los ojos. 

Recuperar el espacio público implica exigir que los resultados se midan en bienestar tangible y no en métricas de engagement

Mientras sigamos validando la política como un espectáculo de consumo individual, seguiremos siendo rehenes de una irrealidad programada. El retorno a lo humano empieza cuando apagamos el dispositivo y encendemos la conversación comunitaria, forzando al político a salir del estudio de grabación para enfrentar, finalmente, la terca y compleja realidad de la carne y hueso.

Mil gracias, hasta mañana.

Autor

- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img

Últimas noticias