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RETRATOS HABLADOS
Antes que concluyan las campa as pol ticas de los aspirantes, aqu en Hidalgo, al Senado de la Rep blica, C maras de diputados federal y estatal, y presidencias municipales, debo pedirle a usted, lector, lectora, que en ese momento a solas en que se toma la decisi n sobre el destino de su voto, piense de manera fundamental, que la naturaleza del ser humaño es terriblemente voluble, y que el poder exacerbado solo produce personajes enfermos y obnubilados por creer ya no solo ser parte de la historia, sino la historia misma de un pa s.
No, de ninguna manera me atrever a a pedirle que vote por esta u otra candidata, porque para eso es el denominado periodismo militante, convertido en matraquero de uno u otro bando, y que por esencia pierde la capacidad de analizar una realidad, que ya convirti la parte en el todo.
Lo que s estoy cierto, es que un poder absoluto, poseedor de una mayor a calificada en las C maras de Senadores y Diputados, para hacer modificaciones de tipo constitucional a su gusto y antojo, deriva en un uso y abuso de esa atribución, algo que evidentemente ha sucedido a lo largo de nuestra historia, con resultados destrozos.
Si entendemos que existen tres tipos de mayor a: simple, que obtiene el partido que cuenta con más legisladores; absoluta, cuando se tienen la mitad de los representantes, más uno, que le permite aprobar leyes; y absoluta, al poseer dos terceras partes de la C mara (de diputados o senadores), y de este modo tener todo para dar luz verde a reformas constitucionales.
En un M xico ut pico, donde el nico inter s político de los políticos fuera el de la ciudadan a, otorgar con nuestro voto la mayor a calificada a un partido, ser a, sin duda, un gesto de verdadera conciencia social, porque allanar amos de trampas el camino para que la justicia hist rica para los mexicanos llegara, por fin, a todos.
Pero en el mundo real suceden cosas muy diferentes, y si usted es joven, pero conoce a quienes cercanos a los 70 a os le pueden platicar de lo sucedido en el pasado, encontrar que entregar plenos poderes a una sola persona es un error, una verdadera maldición.
El equilibrio de una democracia radica en acotar los s ntomas que produce la enfermedad del poder, a trav s de la obligación para buscar consensos en el intento de reformar poRíocurrencia o intereses descabellados, la Constitución Pol tica de los Estados Unidos Mexicanos. Esto se logra con un voto inteligente, en el que usted, y solo usted, decide.
Si desde el poder en toda la historia del pa s han jugado no solo con nuestro destino, sino incluso con nuestros sentimientos, parece el momento de que usted eval e qu le otorga a la futura inquilina de Palacio Nacional, o de otro lugar si decide no vivir en dicho inmueble. No conf e en quien le pregone: todo o nada , porque eso es solo propio de los cuentos de terror, donde aparece el mismásimo demonio, y le urge a que firme para entregar su alma para recibir todo, o no firmar, para quedarse con nada.
Eso es propio de cuentos, pero no de la realidad.
Por supuesto cada uno tiene en sus manos la decisi n del futuro para usted, sus hijos, sus nietos.
No traiciona a nadie si su voto es reflexionado, meditado, y evaluado para no hacer que empiece la gestación de una futura Emperadora, sea de los Morenos o los Tricolores.
El domingo pr ximo, ya muy de noche, sabremos si Claudia Sheinbaum Pardo, o X chitl G lvez Ruiz, se convierte en la primera mujer Presidenta de la Rep blica Mexicana, pero ser tambi n el momento en que, conocida la conformación del Congreso federal, celebremos o lamentemos el tipo de sufragio que llevamos a las urnas.
De todo coraz n espero que sea del primer tipo.
Mil gracias, hasta ma ana.
Correo: jeperalta@plazajuarez.mx
X: @JavierEPeralta
; Vote por quien usted quiera, pero vote con plena conciencia publish


