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Hidalgo
viernes, enero 16, 2026
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Creer o no creer… ese es el dilema

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Pido la palabra

Las verdades a medias son mentiras, a menudo se nos dice que esas mentiras son “mentiras piadosas”; lo lamentable es que piadosas o no, al final siguen siendo mentiras; pues el que nos miente, en verdad que se ha metido en un grave aprieto, pues para sostener su mentira tendrá que mentirnos una docena de veces más; no tengo duda que lo logrará, pues construirá su rosario de mentiras sin el menor remordimiento, ya que hoy día el mentir se ha convertido en una herramienta de trabajo.

Nos mienten los hijos cuando nos dicen que en la fiesta de “los jueves sociales” se portaron como hermanitas de la caridad; nos mienten los alumnos cuando nos dicen que ahora sí estudiarán; pronto escucharemos mentiras en las campañas políticas, y esas mentiras se perfeccionan cuando los ganadores de la mentira siguen mintiendo para sostenerse en el cargo público; el cargo sí es de verdad, pero ganado a pulso mediante el uso de mentiras.

¿Hacia dónde voltearemos?, ¿en quién confiar?, por años hemos vivido inmersos en la simulación, y ésta finalmente es una mentira que se oculta con maquillaje de verdades; incluso hasta el silencio a veces es una mentira, pues éste oculta una verdad que le resulta peligrosa al que calla.

En nuestros municipios, la mentira es parte del protocolo político con el que se oculta la mediocridad de los “servidores públicos”, esos que se hacen llamar “funcionarios municipales”, hasta en eso mienten, pues en algunos lugares son funcionarios que no funcionan.

Dicen y después se desdicen, y el ciudadano sigue perdiendo la confianza, pues, citando a Friedrich Nietzsche: “Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti”.

¿Qué puedo pensar ahora? La gentil cara de los servidores públicos, ¿será verdad o mentira?; ¿tendré confianza en que mis Representantes Populares al llegar al puesto encomendado no se aumentarán indiscriminadamente el salario?; el “Sí” o el “No” ya no depende de los ciudadanos, la respuesta se encuentra en aquellos en los que quisiéramos depositar esa confianza, hoy vilipendiada, y tremendamente disminuida.

Mi solovino murió y la confianza se fue con él, sin duda era el único que aguantaba mis periodicazos cuando se portaba mal, y se corregía sin morder; pero la vida real no es así, pues por más periodicazos que se avienten, la corrección no llega y las mordeduras esperan pacientemente a su víctima, ya hemos visto esa escena que cada día se torna recurrente.

Así, bajo ese esquema de simulaciones y mentiras, se seguirán presentando los engañabobos, los endulzadores de nuestros oídos, siempre utilizando la misma estrategia de la mentira, aunque la principal mentira es que seguiremos creyendo, por la esperanza de que algún día los que mienten… sí cumplirán.

Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.

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