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Contar historias, y no hacernos viejos

Javier Peralta
4 Min de Lectura

LAGUNA DE VOCES

Al crecer, hacerse viejo, se empieza a pensar que, después de todo, la razón nos asiste para fastidiar a nuestros hijos con la música que escuchábamos y escuchamos, frente a lo que traen en su celular y en los audífonos. Pero sabemos que no es cierto, que después de todo la existencia humana es un eterno descubrir y poco aprender, porque es tan corta la vuelta de cada año, que necesariamente los gustos cambian, y todo lo que implica cuando se fundamentan en juicios subjetivos, es decir del sujeto que los hace. Y por lo tanto hay tantos como miles de millones de que, en este año del 2024, habitamos el planeta errante que se llama Tierra.

Nada es eterno, mucho menos la forma como cada quien aprecia las artes, el amor, la búsqueda de una fe, que nos permita tener un sentido real de la existencia, y por eso, nada más que por eso, un día cualquiera, por supuesto asomándonos a los 63 años de vida, decidimos que ya estaba bueno, que nunca volveríamos a pelear por asuntos tan poco edificantes y trascendentes, como es el valor de una melodía, un ideal revolucionario, una pintura, un libro, un sueño. Después de todo, somos tantos, que nunca nos pondremos de acuerdo en nada.

Hace mucho, me avalan las décadas caminadas, me sorprendía mirar el nacimiento que por las noches se ve en los cerros de la capital hidalguense, y pensaba que cada lucecita, significaba una historia, única, singular en todo el sentido de la palabra, y que por lo tanto la verdadera labor del periodismo era esa: contar esas historias, porque a partir de ello tal vez sería posible tener conocidos en la embarcación que navega, y que por supuesto es la vida.

A la fecha creo que esa es la tarea vital en estos menesteres, y que la intrascendencia de que hacemos gala todos los días, con eso de la política en una historia miles de veces ya contada, ya conocida, ya en el nivel del absurdo, tal vez era simplemente parte del espectáculo.

Pero a la postre se pierde la dirección en todo, y se cambia el mar de historias que ofrece, justamente, ese nacimiento que brilla en las noches pachuqueñas, por un juego que hasta hace poco nos divertía, pero que de buenas a primeras se convirtió en nuestra única y real actividad: adivinar el futuro inmediato que se registra en los juegos del poder.

Es una pérdida de tiempo, pero asimismo también que solo de esa forma, es posible comprender el presente.

No, no es así.

Y por eso los juicios sumarios con la música de los hijos, y hasta la nieta. Y por eso el sincero acto de contrición, en que nos prometemos no juzgar nunca más el gusto que cada quien pueda tener, que además es su vida, su propio camino, sus propios descubrimientos que siempre, siempre de los siempres, nos han de enorgullecer, aunque tal vez no gustar.

Por lo mientras miraré con más atención las luces de los cerros con miles y miles de historias que contar, en los barrios, en donde tal vez deveras sean nacimientos, donde, todos los días, se hace real la fe, la absoluta fe en que algo mágico, después de todo, traemos en el alma, el corazón y las manos.

Mil gracias, hasta mañana.

Correo: jeperalta@plazajuarez.mx

X: @JavierEPeralta

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