RELATOS DE VIDA
Rosas esparcidas por varios espacios (algunas hasta con mechones de cabello) y gotas de sangre marcaban el camino hacia el baño y las salidas del salón de fiestas. Había incluso pedazos de tul de varios colores.
La música sigue sonando, y los grupos de amigos se notan fácilmente, como perros marcando su territorio y fijan las miradas en sus oponentes, buscando culpables.
- ¡Tercera llamada, tercera llamada, comenzamos! – se alcanzaba a escuchar en la bocina del recinto.
En las mesas, las porras tomaron las cartulinas para apoyar a sus compañeros.
- Recuerden que el premio al primer lugar será de cinco mil pesos y una semana de descanso laboral – el animador resaltó la premiación.
- Cada catrina o catrín deberá hacer su pasarela para lucir su vestimenta, se calificará actitud, caracterización, vestuario y dominio del escenario – indicó la voz detrás del micrófono.
Gritos, porras, matracas, chiflidos, piropos, era la constante por un lapso de aproximadamente dos horas, en donde 10 personajes desfilaron con elegancia para mostrar el maquillaje, vestidos y trajes.
- Les pedimos a las catrinas y catrines, desfilar nuevamente y mantenerse en el escenario para que los jueces puedan tomar su decisión de los primeros lugares – invitó el conductor del evento.
La decena de personajes regresó al escenario, uno detrás del otro, el grupo permaneció quieto unos minutos para el último vistazo, y comenzó a retirarse lentamente como al principio. Perla, una de las concursantes, quien ya presumía su triunfo, quiso asegurar el primer lugar y pisó la orilla del vestido de Paty, la catrina más aplaudida del certamen. La víctima perdió la estabilidad y cayó al piso. La atacante siguió su andar y al pasar junto a ella, sutilmente jaló el sombrero que portaba.
Paty sabía que fue una agresión con intención y se levantó rápidamente para alcanzar a Perla.
- Lo hiciste a propósito, maldita vieja envidiosa, pero me las vas a pagar – se lanzó hacía la cara y comenzó a jalar el sombrero, las flores, el peinado, la tumbó el suelo y encima de ella rasgó el vestido.
“Sepárenlas”, “ayuden”, “llamen a la policía”, “pidan una ambulancia”, eran los gritos de los asistentes que también le entraron a los guamazos para defender y separar a sus compañeras de trabajo.
- Lleven a Paty al baño para que se calme – dijeron unos mientras la cargaban.
- Los paramédicos ya están entrando por Perla – respondieron otros compañeros.
Dos elementos de asistencia de emergencias entraron con camilla y equipo para la atención de la mujer. En su andar vieron pedazos de tela, sangre, rosas, mechones de pelo, y al llegar con la golpeada, el maquillaje esparcido, hilos de sangre en la comisura de la boca, un ojo medio cerrado, y la palidez no parecía a causa del maquillaje.
- ¿Qué pasó aquí? – cuestionaron a los presentes.
- Una pelea entre viejas catrinas – respondieron ellos.
- ¡Ja! Ahora entiendo porque el reporte decía: “atender un Catrinazo” – se rió el paramédico.


