RELATOS DE VIDA
“Te pido disculpas anticipadas, solo quiero despedirme de ti, te agradezco por todo lo lindo que me has dado, empezando por nuestros hijos, los viajes y los momentos…
Intenté llevar la relación como pediste, pero se me dificulta porque no tengo la inteligencia emocional para saber separar las cosas, lo que provoca que no sepa qué hacer o cómo reaccionar ante comentarios, y de ahí mis cambios de humor, por eso lo mejor es estar lo más separados posible.
Créeme que todo lo que he dado o hecho, ha sido de corazón.
Tal vez sea la edad, pero por fin entendí que todo acabó desde hace años, pese a que ya lo habías dicho y demostrado en muchísimas ocasiones, pero ya es hora que sane y me convierta en la persona que quiero ser.
Entiendo que me seguí aferrando a ti porque no he podido dejar de amarte, porque quería que fueras esa persona con la quería estar por el resto de mi vida, pero ya acepté que eso no es posible.
Lamento hacerlo de esta manera, lo mejor era haberlo hecho de frente, pero no tengo el valor de hacerlo.
Deseo de todo corazón que te vaya muy bien en todo lo que emprendas, que logres el trabajo de tus sueños, el cuerpo que quieres y la vida que deseas.
Nuevamente gracias por todo, los momentos maravillosos y también los malos que han sido enseñanzas”.
Al terminar la carta, la colocó en un recipiente, roció un poco de alcohol y encendió un cerillo que tiró encima del pedazo de papel. Mientras era consumido por el fuego, lloró lo que le había quedado atorado.
Al concluir la incineración, abrazó sus miedos, sacudió sus dudas e incertidumbres, se limpió las gotas de agua con sal que aún rodaba por sus mejillas, respiró profundamente y se despidió por última vez; sintió cómo su alma y energía regresaba al cuerpo, y se inundó de sueños, los que por mucho tiempo había olvidado y perdido.