RELATOS DE VIDA
Las miradas eran de extrañeza, al pasar cerca de él no podían evitar observarlo cuidadosamente y preguntarse lo que le había pasado. Se le veía sentado al filo de la banqueta, con una mano sosteniendo una docena de globos impedidos para volar, y la otra sobre la frente agachada, a un costado, sobre la acera una cartulina que decía “Lo logramos” y como firma “Te ama papá”.
—Tu hija es como una patada en los huevos, siempre está con sus jetas, nada le parece, ya estoy harto de sus actitudes— gritó Federico a Minerva, su ex esposa.
—No tienes por qué expresarte así de nuestra hija, siempre buscas ver lo malo en ella, pero jamás en todo lo bueno que tiene— replicó la mujer en un intento de defender a su hija.
—Es culpa tuya, la has hecho igualita a ti, por eso la defiendes, porque es tu misma imagen— volvió a intervenir con gritos defendiendo su postura.
En la fiesta de Lupita, la hija adolescente de 16 años, Federico inició con el cambio de comportamiento hacia ella, no la felicitó, ni siquiera le dirigió la palabra, la ignoraba y la hacía a un lado de toda conversación o reunión, y dejó de preocuparse de sus responsabilidades y obligaciones.
Ya no puedo más, ya pasaron cuatro meses, y solo recibo humillaciones y groserías de mi papá, ya me cansé de que me ignore y que me trate como si no fuera alguien importante en su vida, todo porque le dije que no quería saber nada del hijo que tuvo con la mujer con la que fue infiel a mi mamá.
Se dijo en silencio Lupita, mientras hacía el intento de secar las lágrimas que no dejaban de brotar, y se convencía que era la última vez en que permitía ese trato.
—No sabes todo el daño que le estás haciendo a Lupita con tus berrinches de escuincle de primaria, el padre eres tú, debes guiarla y protegerla, no dañarla— reclamó Minerva a Federico.
—Porque ella no pensó en mis sentimientos y todavía se distanció de mí, si ella tomó su decisión, pues que respete la mía. Y no quiero saber de temas relacionados con ella, de ningún tipo, mucho menos dinero.
Pasaron dos años, Lupita primero fue a terapias y siguió con su vida normal al lado de su madre. Era el día de su graduación de la Preparatoria, la única petición para Minerva fue que no quería que se enterara su papá.
En toda la ceremonia Lupita mantuvo una sonrisa grande, veía a su madre entre las gradas emocionada y secándose las lágrimas de felicidad, no cabía de orgullo y satisfacción, lo lograron juntas.
Oyó su nombre, se paró y caminó erguida, sabía lo que les había costado llegar hasta ahí, después de recibir el documento volteó a ver a su madre, con una mano le mandó un beso y con la otra sostenía en alto su certificado. Al llegar con ella se unieron en un abrazo, el llanto no permitía pronunciar palabras.
Al caminar hacia la salida, alcanzó a ver a su padre, sostenía una docena de globos de colores con helio en su interior y una cartulina que decía “Lo logramos. Te ama papá”. Al pasar junto a él rodeó los hombros de su madre y pronunció “Gracias por no abandonarme, este logro es tuyo. Te amo”, y pasó de frente sin voltearlo a ver.


