Aún es posible evitar el colapso de la Zona Metropolitana

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RETRATOS HABLADOS

Si usted tiene la necesidad de ir a la capital del país por razones de trabajo o escuela, y regresar ya entrada la tarde, habrá descubierto que la autopista México-Pachuca, se ha convertido en un verdadero calvario para quienes viven ese drama cotidiano, y aun peor apenas vislumbra el C5i, donde el tráfico es simplemente imposible, por lo que debe prepararse a pasar un tiempo que nunca baja de los 40 o 50 minutos para sortear un tramo que hasta hace poco se hacía en no más de diez minutos.

La razón es una y simple: el número de habitantes en la zona sur pachuqueña, ha crecido de un modo irracional, con la proliferación de nuevos fraccionamientos que a veces “caen” en tierras de Zempoala, otras en Mineral de la Reforma y otras en Pachuca. 

Poco se sabe si el abasto de agua está asegurado, si los permisos de construcción fueron obtenidos conforme a la ley, o si el negocio de las inmobiliarias, lejos de disminuir, ha vivido una época de oro, sin importar lo que pueda suceder con una Zona Metropolitana que, al ritmo que lleva, va directamente al desastre.

El número de casas en privadas gigantescas o diminutas es casi igual al de automóviles, lo que explicaría de entrada el brutal tráfico. Ante este escenario, donde la migración masiva proveniente del Estado de México y de la Ciudad de México amenaza con colapsar los servicios, la pregunta es obligada: ¿Qué se puede hacer?

Urbanistas de prestigio internacional coinciden en que la solución no radica en construir más vialidades para autos, sino en un cambio radical de paradigma hacia un Desarrollo Orientado al Transporte (DOT). 

En primer lugar, urge frenar la expansión horizontal y transitar hacia una densificación urbana inteligente. Mientras la OMS sugiere entre 120 y 150 habitantes por hectárea para una ciudad sostenible, Pachuca opera a menos de la mitad. Consolidar el crecimiento vertical en los centros urbanos actuales evitaría la destrucción de suelos de conservación y abarataría la introducción de servicios básicos.  

Asimismo, es imperativo implementar el modelo de «ciudades de 15 minutos», diseñando barrios autónomos y compactos en Zempoala o Mineral de la Reforma, donde el ciudadano encuentre empleo, educación, salud y comercio a una distancia caminable. 

En paralelo, la redención de la autopista México-Pachuca exige sustituir la dependencia del coche por sistemas masivos y eficientes de transporte público; la integración de proyectos estratégicos como el Tren México-Pachuca debe ser el eje articulador de un nuevo reordenamiento territorial regulado, obligando a las inmobiliarias a financiar la infraestructura hídrica y de áreas verdes mediante bancos de suelo y plusvalías, antes de colocar la primera piedra de una nueva privada. 

De lo contrario, el colapso no será un riesgo latente, sino un hecho consumado.

Mil gracias, hasta mañana.

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