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Hidalgo
lunes, enero 12, 2026

Algo en el ambiente

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RETRATOS HABLADOS

Hay algo en el ambiente, en el aire del pensamiento, que no acaba de permitirnos arrancar el año 2026 sin acrecentar malos presagios. Algunos dirán que es por Trump, pero eso sería atribuirle demasiadas potestades a un sujeto sin un sentido real de la humanidad donde, por desgracia, vino a nacer. Es un simple agregado a personajes que, sin embargo, son mucho más siniestros, porque eran poseedores de una inteligencia malévola, destructora. El de ahora, ni eso.

Es algo más, que, a un número ya infinito de personas, las tiene sin poder comprender lo que desequilibró el reloj exacto que hacía funcionar sin problemas el escenario único donde transcurre la vida de cada persona, habitante de la primera realidad que conocemos, igual que del diminuto planeta errante en la bastedad del universo.

Por eso sería un absurdo atribuirle una situación de esta magnitud a pequeños seres que un día cualquiera, provocaron una anomalía simple y local en un Continente, en un país como el caso del inquilino de La Chingada, al grado de casi empezar a pensar que la historia se escribe a partir de ellos. No es así y lo sabemos. Es algo más profundo, más cercano al principio de lo que pudiera ser el entendimiento real y claro del sentido de nuestra existencia.

¿Influye en este estado de ánimo el desastre geopolítico que vivimos? Por supuesto que sí, pero de ningún modo define esta angustia que casi todos cargamos en los primeros días del 2026. Y es que, tal vez, en una de esas estamos por arribar a un momento, aquí sí, único en la brevísima historia de la humanidad.

También puede ser que simple y sencillamente no pase nada, y que todo sea producto del reacomodo que cada año nos provoca los asuntos de la edad, la irremediable volatilidad de lo que nunca aspiró siquiera a ser eterno.

Sin embargo, ya son muchas las personas que me comentan eso: hay algo raro en el ambiente, algo que no me cuadra y que me hace pensar en sucesos que tal vez, con suerte, nos toque mirar, y que tienen, sobre todo, la posibilidad de explicarnos un poco del rumbo a donde se dirigen los pasos de cada uno de los habitantes de La Tierra.

¿Luego entonces, qué significan estos personajes diminutos, enormes en sus pretensiones, que, a todos, o casi a todos, nos tienen simplemente hastiados?

Probablemente nada. Así de simple. Nada.

Pero nos distraen de algo importante que sí está por suceder.

Un 11 de enero, domingo, decidí que era mejor pensar en algo trascendente, que en las intrascendencias de la política local, nacional y mundial. Todas convergen en un mismo sitio: su absoluta separación del sentir de la gente. Su incapacidad para lograr que el ciudadano decida volver a creer en algo que, tal vez, nunca debió haber creído, y que solo se trató, siempre, de una lucha inmisericorde por el poder terrenal, efímero como tal, inútil como tal.

Mil gracias, hasta mañana.

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