El Parque Hidalgo y el artista Tamaris

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Espejos de la realidad

“La calle es una selva de cemento
y de fieras salvajes como no”
— Héctor Lavoe

Si alguna vez ha caminado por el Parque Hidalgo, seguramente ha notado los múltiples inscritos que aparecen mientras uno recorre sus senderos. Nombres de personas que se juraron amor eterno, fechas marcadas, corazones mal hechos, Lorena y Ortiz, H y L, Luis y Miriam, Joel y Rosario, 1984, e incluso bromas utilizando el apellido de quien tuvo la mala suerte de ser compañero de escuela.

Pareciera ser, al menos por lo que nos dice el pavimento, que tenemos una necesidad de dejar marca. Un rastro de nuestra existencia que sobreviva al momento y quede impreso en la mirada de alguien más.

En una de las tantísimas conversaciones que ha escuchado la mesa de mi casa, terminamos por platicar del Pachuca de ayer. Entre jícamas cortadas y un tortillero frío recordamos esos nombres rayados. Los nombres rayados en el piso del Parque Hidalgo. Había uno en específico del que, al menos mis padres, se acuerdan bien: el famoso Tamaris.

En algunas ocasiones, antes de su nombre le ponía “artista”, a veces colocaba una cruz junto a su nombre. Mi padre nunca supo quién era, eso sí, sin importar cuántas veces colocaran cemento fresco, tarde o temprano volvía a aparecer su nombre en algún rincón del parque. 

A finales de abril de este año, mi hermana y yo (además de cierta perrita que siempre nos jala de la correa) nos propusimos encontrar alguna de esas inscripciones. Nos encontramos  un parque atravesado por su gente. Las bancas cubiertas de stickers hechos por artistas locales. En las jardineras había bebederos improvisados para perros, construidos con garrafones partidos por la mitad. Uno de los monumentos dedicados a algún héroe nacional tenía pintado el perfil de un luchador enmascarado. Sobre el cráneo alguien escribió: “¿eres la lucha o la máscara?”.

Lo encontramos, encontramos el nombre de Tamaris en el parque, todavía ahí después de lo que parecen ser décadas, de cuando mis papás apenas empezaron a ser novios, de cuando ya se habían casado, de cuando yo aún no nacía. El Tamaris ya había hecho suya una ciudad que siempre (o casi siempre) terminaba por borrar su nombre. 

En el grupo de Facebook La Memoria de Pachuca, donde miles de personas comparten fotografías, anécdotas y recuerdos de la ciudad, publiqué algunas imágenes para preguntar si alguien sabía la historia del conocido Tamaris. ¿Qué nos puede enseñar un nombre en el cemento fresco?

Me encontré con todo tipo de respuestas: desde algunos que decían que era un hombre con problemas mentales que vivía en la colonia Cubitos, otro juró que lo habían detenido después de intervenir decenas de aplanados de cemento fresco e inclusive hubo uno que me reclamaba el usar este grupo para hablar de vándalos y gente “sinquehacer”. Nadie recordaba lo mismo, pero sí era cierto que ahí estaba en la memoria de Pachuca.

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