Memento
“Carmen, se me perdió la cadenita, con el
Cristo del nazareno, que tú me regalaste”
La Cadenita – La Sonora Dinamita
La palabra cadena viene del latín catena, que significa literalmente “cadena, atadura, ligadura”. Es una palabra antigua, probablemente de origen preindoeuropeo o mediterráneo, porque no tiene parentescos claros con raíces indoeuropeas reconstruibles.
En latín, catena era tanto la cadena física -eslabones metálicos- como la idea figurada de estar atado o restringido. De ahí pasó al castellano como cadena, prácticamente sin cambios en forma ni sentido.
No tengo bronca con quien hable con Dios. Tengo bronca con aquellas personas que creen que les contesta. Recuerdo que hace muchos años caminaba por las calles y encontraba sobres en las puertas de las casas o asomándose debajo de las cortinas de los locales. En una ocasión, un sobre llegó hasta mi casa; lo abrí. Contenía una carta con algo así como una letanía hacia San Judas Tadeo. En la carta había una solicitud para continuar con la cadena y así poder cumplir un milagro y, con ello, ganar la oportunidad de pedir uno a mi favor. En verdad parecía ridículo. ¿Cómo se aseguraría San Judas de que se entregaron todas las cartas?, ¿en qué momento cuentan las cartas para mí y dejan de contar para quien las mandó? Todo un esquema piramidal; quizá por eso es que los “telares de la abundancia”, Organo Gold, Herbalife y todas esas ondas triunfan tanto en México. Esos detalles funcionan como eslabones de una cadena, atan a una acción.
Hace poco me apareció una promo de los Testigos de Jehová, ¡en YouTube! Me sorprendió mucho. Poco después, una promo más de “La Iglesia de los Santos de los Últimos Días” apareció. Ya no me sorprendió, me causó molestia. Y es que uno puede no abrirles la puerta, pero para evitar las promos en YouTube tengo que soplarme unos segundos mínimo o pagar por ocultarlas. Y créanme que, entre muchas de las religiones, una de las que más respeto son los Testigos de Jehová: qué persistencia para ir a compartir la palabra del Señor a pesar de los portazos. Pero lo de YouTube ya es demasiado invasivo.
He visto muchas más publicaciones en Facebook acerca de los clásicos “pon Amén y Diosito te concederá un milagro” que en cualquier otra red social; me resulta inverosímil. A menos que el cielo tenga un ancho de banda mamalón, ¿cómo podrían saberlo?, ¿cómo saber que no fueron bots o cuentas contratadas?, ¿si el milagro lo pide un influencer, vale más o menos?
Además de esas costumbres tengo otras dudas. No lo pregunto para incomodar o molestar; de verdad es desde la ignorancia y la curiosidad. Cómo peregrinar: ¿cuándo nació esa idea?, ¿para qué se hace?, ¿tiene más valor entre más gente acuda?, ¿de rodillas cuenta más? Al final son detalles a cambio de un favor. ¿También es corrupción religiosa? Conozco a una persona que, a cambio de que un familiar se curara, otorgó su cabello; después de una aparente mejora, su familiar murió. ¿Funcionó o no? ¿Fue una extorsión desde la fe?
La conseja de hoy
Pienso que con que sus creencias no afecten a una gran mayoría, la gente es libre de actuar. Y como dijo Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”




