RETRATOS HABLADOS
En el evangelio de San Juan, Poncio Pilatos pregunta a Cristo, “¿Y qué es la verdad?”. Sin esperar respuesta, el prefecto de Judea regresa ante la muchedumbre que exigía condenara a quien ya había ordenado azotar, para decirles que no encuentra responsabilidad de delito alguno en el hombre que le han llevado para que juzgue y castigue con la crucifixión, lo que finalmente sucedió.
La verdad. Hoy como nunca resulta imposible comprender en todo el sentido de esa palabra, porque pareciera que todo el ejercicio político de líderes mundiales y locales, gira en torno a la capacidad para manejarla a su antojo, y dar origen a “su verdad”, que de ninguna manera necesita ser comprobada; y si en algún momento resulta ser refutada, luego de verificaciones, el hombre del poder dirá que no es así, porque los datos que usaron para calificarla como tal, esos sí eran falsos.
Porque resulta ser que sujetos de ínfima calidad humana, hoy el ejemplo más claro es Trump, pero también en México durante la era del que aseguraba tener “otros datos”, la verdad la encarnan en ellos mismos, y su demencia llega a un nivel tan grande, que no dudan en pretender compararse con el Nazareno para concluir que, en resumidas cuentas, ellos son la verdad.
De tal modo que, a la pregunta de Pilatos, no hay ninguna respuesta clara, como no sea las ventajas que ofrece a un aspirante a dictador, pulverizar la rupestre idea de lo que debía ser, siempre bajo el entendido que debe ser confirmada con todos los elementos que se tengan a la mano para darla por cierta. Algo así como la información que se difunde en medios de información serios.
Sin embargo, en estos tiempos de las redes sociales y todo ese nuevo universo donde lo importante es ser los primeros en “subir” una noticia, sucede algo similar a las “verdades” que manejan dictadores, o aspirantes, que asumen no tienen la responsabilidad de comprobar nada, porque es su palabra contra lo que otros digan, y en el espacio de internet una y mil veces confirman que se puede mentir sin preocupación alguna.
“Dos más dos son cinco”, la famosa frase que se usa para representar la manipulación de la verdad a partir de la novela de George Orwell “1984”, hoy es más vigente que nunca, y la conclusión es que, sin verdad, el camino de la humanidad misma parece condenado a la perdición.
Porque no hay verdad en un sujeto, dueño del poder mundial, que, bajo una mentira trillada, pero efectiva, ordena la invasión de países porque quiere salvaguardad “la libertad y democracia” de un pueblo. No es cierto, pero puede ser que sí, cuando damos por hecho que “dos más dos, son cinco”.
No es cierto tampoco que, en un país como México, caminar para atrás sea caminar para adelante, con la desaparición masiva de instituciones y poderes, que tenían la facultad de mantener en sus cabales a un desequilibrado mental. Pero puede se cierto si aceptamos que 2+2 es igual a 5.
No es cierto que un partido único, con mayoría absoluta de senadores y diputados, vaya a ser el remedio para todos los males del país. Pero diremos que sí, cuando demos por real que 2+2 son 5.
No es cierto que el mundo entero deba aceptar mansamente, que un demente pretenda apoderarse del destino de la humanidad entera, porque todos le deben respeto y obediencia. Pero lo será si concluimos, sin preocupación alguna, que, después de todo, 2+2 es igual a 5.
Mil gracias, hasta mañana.



