Openopen3arrestan a tercera persona implicada en un incendiopost
Familia pol tica
Paz es algo más que ausencia de la guerra .
Expresi n popular.
Las batallas causan expectativas, de acuerdo a su importancia dentro de una conflagración mayor; son peque as escaramuzas en las cuales se van definiendo las mayor as y las minor as, en un proyecto que, por historia, por presente y por futuro, se presume democr tico.
Las micro disputas sirven para calentar los nimos, mientras se acumulan en uno y otro lado de las facciones en querella, simpatizantes y detractores que esperan con confianza y miedo que llegue el rey de los combates. Todo aqu l que participa, aunque sea de lejos, como simpatizante activo en una controversia pol tica, se ve obligado (a) a fijar su postura sin que se propicie una mala interpretación por la tibieza de sus posiciones o por su extremismo rijoso. En pol tica no hay nada más penado que jugar con ambas cartas. Los aprendices pretenden manejar todas las opciones en confronta; esto les da resultado un tiempo, pero normalmente terminan mal, por coquetos y codiciosos.
Cuando se consolid en M xico el sistema de partidos, se dio una definición profunda en los parlamentos y en el campo. Las minor as se vieron reducidas a su m nima expresi n, aunque se mantenían porque eran ben ficas para legitimar los triunfos del mayoritario y evitar que se le considerase Partido de Estado, o peor a n: instrumento de una dictadura. Durante largo tiempo, s lo una institución partidista logr posicionarse en el panorama nacional; la visi n del Estadista Plutarco El as Calles logr que, pr cticamente, todas las fuerzas emergentes de la Revolución Mexicaña de 1910, se aglutinaran bajo las siglas del PNR, primero; despu s del PRM, hasta consolidarse como Partido Revolucionario Institucional. Una de las condiciones de su larga permanencia en el poder, se debi al celo con que cuidaba a su militancia. El PAN siempre ha tenido cierta fuerza como representante de las expresiones ideol gicas de la derecha, en alianza con la iglesia cat lica; as , marcharon cada uno por su lado, en aparente respeto y con el disfrute que las minor as (PAN, PARM, PPS ) gozaban dentro de las leyes electorales de su tiempo.
Cambiarse de partido era pecado mortal, un salto sin retorno, un estigma imborrable Poco a poco lasínormas y la tica pol tica se hicieron más sensibles; primero, se perdon a quienes tenían el desliz de acercarse a la oposición en busca de una candidatura, la consiguieran o no. En los ltimos tiempos, es lo más normal, casi un requisito de admisi n, tan es así que los principales dirigentes de los partidos vigentes, tienen antecedentes de militancia en el PRI (AMLO, Monreal, Dante, Cuauht moc, etc tera). A nivel de los políticos de a pie, en el mbito rural fundamentalmente, hay personajes que en un mismo día militan en tres partidos diferentes. Siempre terminan hablando mal de sus ex y bien de su jefe en turno; la fidelidad se cambia f cilmente por una promesa de lealtad eterna, la cual dura de tres meses a tres a os; nunca es para siempre.
Cada uno de los candidatos que surgen de estas expresiones partidistas, lo quieran o no, traen consigo el ADN tricolor que los hace tomarse fotograf as abrazando a viejitas o jal ndole los cachetes a un niño panz n: el populismo en toda su m xima y vulgar sima expresi n. Una de las más divertidas formas que se advierten en los candidatos de nuevo y viejo cu o, es su incapacidad para desaprovechar la oportunidad de quedarse callados. Todos est n enfermos de microfonitis aguda; ven un micr fono y no lo sueltan, cualquiera que sean los colores que ahora defienden, ya que las lealtades no importan, ayer se dec an tricolores a ultranza, hoy, morenos de coraz n, despu s ser n tal vez verdes o fosfo fosfo. El color importa menos que el discurso, y ste no vale nada.
La lucha de facciones donde se advierten numerosos aspirantes a desempe ar papeles protag nicos, se reduce en realidadía dos corrientes más all de los partidos. Si bien es cierto que stos siguen estando en las bases de apoyo y representación de las candidatas, tambi n lo es que ya est n rebasados por la sociedad civil. Es claro que cualquiera de las dos que gane la contienda nacional, no lo har con la fuerza de un solo partido. Una aspirante tiene el monopolio del dinero y las estructuras que le brinda el poder que aspira a continuar; la otra no tiene militancia partidista alguna, aunque para su postulación se ha valido de ella. Con la primera opción ganar a el s de lo mismo ; con la segunda, la expresi n del pueblo. Con la primera seguir a mandando la sombra del mes as, cuyo retiro a su rancho de rimbombante nombre, ser a equivalente a la mansi n del Maximato callista. El conflicto o el poder son las costumbres del actual mandatario, no sabe vivir fuera de ellos. Si llegara a triunfar esta opción, los mexicanos vivir amos el mismo infierno con diferente diablo y, de ganar la segunda, qui n sabe si la fuerza de las instituciones sea a n suficiente para disciplinar al caudillo que se siente due o del pa s.
Por eso, el aire en M xico huele a miedo, un miedo que no resiste la fuerza ineluctable de los votos cuando son por la mejoRíopción as , existe el riesgo de equivocarse.
EL OLOR DEL MIEDO publish


