Uno vuelve siempre a aquellos lugares, donde amó la vida

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LAGUNA DE VOCES

Al final de cuentas somos lo que deja el camino recorrido durante toda la vida, y a veces los recuerdos no son solo eso, sino parte material de nosotros, en la fotografía de los compañeros de universidad en los primeros semestres de hace 40 años, cuando de algún modo alguien miró a esa cámara y supo que, tarde o temprano, volvería a mirarse para reconocerse, pasados apenas unos segundos, y asegurar que sigue ahí, que los viejos salones de la escuela guardan hasta la eternidad lo que mirábamos hacia un futuro que hoy es presente, o alguna etapa del tiempo cada vez menos fácil de explicar.

En el pase de lista de un gigantesco grupo, casi todos dijeron presente, incluso por el lugar que ocuparon a lo largo de cuatro años en el aula, uno junto a otro: aquel siempre distraído, otro que nunca se cansaba de sonreír, y que a la fecha mantiene esa absoluta sabiduría de mirar, reconocer, reconocerse entre esa historia única de cuando uno es estudiante, y sí, volver a sonreír por el puro gusto de hacerlo.

Así que de ninguna manera todos esos recuerdos desbocados, que seguramente darían detalle de la vestimenta de cada uno, solo sirven para mirarse en un pasado que dejó de existir, porque necesariamente no es así, y en una de esas, ya casi al terminar el horario de clases, si nos asomamos al salón, nos veremos, incluidos los que ya murieron, y podremos estar seguros que muchos de los sueños que cada uno tenía, servirán para volver a creer en la posibilidad de cruzar con absoluta alegría, el último tramo que nos llevará siempre a donde intentamos ser felices, simplemente con el poder de desear que así fuera.

Así que es cierto, es absolutamente cierto lo que dijo Yupanki, porque “uno vuelve siempre, a aquellos lugares donde amó la vida”. Y de eso se trata en resumidas cuentas el asunto de la existencia, y por eso me sorprende la respuesta absoluta a una fotografía compartida en el grupo de la universidad, para dar detalles, nombres con apellidos, incluso de los que dejaron al poco tiempo los estudios, para reanudarlos más tarde, que fue mi caso. Pero lo cierto es que, con bastante frecuencia, uno pertenece a la generación con la que empezó la carrera universitaria, aunque luego se haya desaparecido.

Ahí quedan los que, siempre supimos, nos reconocerían de nombre, de foto, de verdadero gusto por saber que caminamos juntos en la época más constantemente despreocupada, y por lo tanto alegre de la vida.

Siempre, siempre es deber regresar por lo tanto a todos esos lugares, donde amamos la vida.

Mil gracias, hasta mañana.

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