LAGUNA DE VOCES
Resulta un crimen el clima de esta ciudad para los difuntos, que llegaron entumidos la madrugada de ayer; pasado el mediodía, la tierra de todos los camposantos parecían comales, lo que provocó que muchos se negaran a meterse entre manojos y manojos de flores amarillas, naranjas, moradas, lilas, todas marchitas luego de estar bajo el sol inclemente que decidió ser el personaje central del Día de los Fieles Difuntos.
Ha pasado otro año, y lo único que alcanzamos a comprender, es que, con estos cambios del clima, si optamos por ser guardados con todo y zapatos, muy probablemente solo nosotros haremos la visita rigurosa a la casa donde pongan nuestro retrato, ofrenda y todos eso que siempre debemos estar seguros es real, porque de otro modo sería como hacen las niñas pequeñas: jugar a la comidita con fantasmas.
A lo mejor se trata de eso. Ahora si nos inclinamos por ser achicharrados hasta convertirnos en polvo, que con esto de las transformaciones quién sabe si no acabamos en urnas de quienes ni nos conocieron, y luego por qué, aseguran los que saben de leyendas, que no hay opción más lamentable que la incineración, además que, si los vivos simplemente no quieren saber nada de sus difuntitos, deberían hablarles derecho, no echarles lumbre con actitud de viles Judas.
Aunque ya todos quemados, como que estos climas infames de Pachuca, seguro ya ni deben molestar, aunque también qué tal si no hay permiso para quien se quedó sin cuerpo que arrastre cadenas, si se portó mal, o deveras le entre con fe a la comida y la bebida, que por otro lado le es perdonado al que ya no está, porque simplemente no puede fastidiar a nadie.
Como quiera es una vez al año, y eso le traerá a la memoria ocasiones funestas de vivo, así que mejor olvidar, que es la mejor forma de seguir en la vida.
En realidad, los muertos dan muy poca lata a los vivos, porque la mayor parte no cree absolutamente nada en esto de que regresan, conviven con sus familias y luego se van. Resulta una forma amable que muchas esposas usan para que el difunto entienda que cuando menos unos años sin él, puede que justifiquen tantas aflicciones y penas que, cuando vivía, le provocaba el hombre que ahora luce cual santito en la fotografía de la ofrenda, que quién sabe de dónde salió.
Lo cierto es que la convivencia es entre puros que ya son calacas. Eso sí está permitido, y solo que deveras se tratara de una emergencia cósmica, se pueden aparecer a los vivos, pero sin espantar a nadie.
Hay una ventaja que tiene la muerte, como decía mi tío Ezequiel: “el único gusto que me queda sobrino, es que todos nos vamos a morir”, expresaba porque no solo no quería al orejón de Carlos Salinas. Lo odiaba de todo corazón. Pero ya ven, el ex presidente sigue vivo, y mi pariente ya no. Pero como quiera el ex jefe de la nación se va a morir un día… aunque quién sabe, porque pareciera que el tiempo no pasa por él. ¿Y si resulta inmortal?
Seguramente a estas alturas del país, serían muchos los que, al ver dónde nos vino a dejar la llegada de “los buenos” a poder, manifestarían: “el único gusto que nos queda, es que todos se van a morir”. Pero, como ya anoté antes, quien sabe, quien sabe.
A veces los difuntos son medio especiales, porque cómo entender que se quejen del calorón pachuqueño, del tráfico inhumano, de que los panteones privados son tan estrechos, que los pasillos son el techo de los que acaban de ser enterrados, y luego por eso tardan más para descansar en paz, porque el ruidero, las pisadas que pasan justo encima de sus cabezas.
Como quiera, es una vez al año.
Mil gracias, hasta mañana.


