RETRATOS HABLADOS
En tiempos pasados, no antiguos, pero ya pasados, la venta segura de un periódico impreso se daba a partir de encabezados de escándalo en lo político y el mundo del espectáculo, y si se trataba del asunto policiaco, nada podía coronar más esa vertiente, que una fotografía nítida, que dejara muy poco a la imaginación, con el rostro del difunto- difunta, incluso con los ojos todavía abiertos en el proceso de abandonar este mundo para ir quién sabe a dónde.
Para bien de una ciudadanía que se espantaba con “las 8” de un medio informativo, pero que al mismo tiempo sentía atracción cierta por la tragedia del otro, hoy todas las publicaciones deben ocultar el rostro del infortunado que tuvo a bien expirar frente a la lente del fotógrafo, bien sea reportero, policía con celular o en mano, o agente del ministerio público, incluso médico forense.
Sin embargo, de los encabezados del “¡Alarma!”, “¡MATÓLA, VIOLÓLA, COMIÓSELA!”, es decir el pretérito perfecto simple, con el uso de pronombres enclíticos. Pero para el caso, es que se trató de una época que poco debe presumirse, pero que destacaba por un conocimiento real del lenguaje y un conocimiento avanzado de la mercadotecnia informativa de manera intuitiva.
Para estas épocas llegamos a las redes sociales, al tiempo en que nada, absolutamente nada se hace de manera intuitiva, y en los que la Inteligencia Artificial nos puede confirmar las veces que sean necesarias, que en los terrenos informativos no serán necesarios titulares de ese tipo, incluso ni siquiera la veracidad de los hechos, pero respetar en todo momento la llave mágica que gusta al algoritmo, para que las réplicas sean de miles y que los seguidores se reproduzcan a pasto.
Aunque sí hay requisitos fundamentales, sin los cuales cualquier medio tradicional que migre a los terrenos digitales, estará perdido y condenado a la perdición: en estas nuevas latitudes si lo que transmite es o no confeccionado por un periodista de nivel, que por lo mismo será reacio a emitir juicios equilibrados sobre un determinado asunto, y buscará ofrecer las dos vertientes del mismo, importa poco. No, eso no cae bien al algoritmo, pero tampoco a la “legión” que poco le interesan esos equilibrios, y, por lo tanto, si no es que simplemente lo ignoran, será clasificado en el rubro de los “endebles”, “cobardes”, “viejos irremediables” y “fuera de moda”.
Porque lo de hoy es crispar las redes con titulares incluso de una sola palabra, y sin otra argumentación que la furia, real o ficticia, pero que pueda conectar con la “legión”, que ya se sabe, un día se levanta de buenas y puede calificar a este u otro de, “culto y caballeroso”, y al otro de, “cínico ladrón que usa lociones importadas”.
El demonio “Legión”, que está claro son muchos como lo indica su significado, es el que guía la clasificación de los medios que triunfan en las estadísticas, igual que las encuestas sin base metodológica alguna, y que no pocas veces se reproducen de acuerdo al acuerdo logrado con el que será encuestado o encuestada.
En el mejor de los casos, los éxitos del sitio de internet que se sitúa en los cuernos de la luna, se traducen en que simplemente reciben buenos dividendos económicos de las mismas empresas dueñas del algoritmo, pero también de los que contratan sus servicios porque tienen millones de seguidores. Pero cuando con base a ir en hombres de “legión”, tienen acceso a puestos de poder público o político, la historia cambia, porque de repente ya fomentan el odio a un enemigo que nadie conoce, ya convocan a linchar a un enemigo de las buenas costumbres, ya a quien tuvo la osadía de cuestionar al Mesías de la política, ya porque lo que se les ocurra.
El odio funciona bien para dividir a una sociedad y, por lo tanto, debilitarla, por lo tanto, hacerla presa de los deseos, no siempre cuerdos, de un caudillo. Y en todo esto, la “legión” tiene una participación constante porque puede vestirse de anónima, de hacer que son un grupo de jóvenes bastante grandecitos que no se toman nada en serio, pero sí los recursos que reciben, de hacer que son nadie y pegan a diestra y siniestra lo que ordena el pagador en turno, de todo pues, porque en realidad no existen, nunca han existido, y nunca existirán.
Mil gracias, hasta mañana.




