TDAH: la etiqueta que usan todos y el trastorno que pocos entienden

Más Leídas

DES-prográmate y Ámate

Hay personas que pasan gran parte de su vida creyendo que algo está mal con ellas. No porque un médico se los haya dicho, sino porque crecieron escuchando frases como: «pon atención», «si quisieras, podrías», «eres muy inteligente, pero demasiado flojo». Al principio parecen comentarios sin importancia, pero con los años dejan de ser opiniones ajenas y se convierten en una forma de verse a sí mismos.

A propósito del 13 de julio, Día Mundial del TDAH, me gustaría hablar de algo que pocas veces ocupa el centro de la conversación. Más allá del diagnóstico, existe una herida silenciosa: la de crecer sintiendo que nunca eres suficiente.

Todos nos distraemos, todos hemos olvidado dónde dejamos las llaves o hemos entrado a una habitación sin recordar a qué íbamos. Eso es parte de ser humanos. El TDAH, en cambio, va mucho más allá. Imagina un navegador con cientos de pestañas abiertas al mismo tiempo. Una reproduce música, otra contiene pendientes del trabajo, otra revive una conversación de hace años y, en algún rincón, una alarma no deja de sonar. No es que la persona quiera vivir así; simplemente no puede apagar ese ruido con la facilidad que los demás imaginan.

Durante mucho tiempo confundimos esta condición con desinterés, inmadurez o pereza. Sin embargo, hoy sabemos que el problema no es la falta de voluntad. Lo más doloroso suele aparecer después, cuando alguien pasa años intentando cumplir expectativas que no corresponden a la manera en que funciona su cerebro.

Escuchar una y otra vez que eres distraído, irresponsable o flojo termina dejando huella. Poco a poco aparece una voz interior que repite exactamente lo mismo. Y esa voz pesa mucho más que cualquier síntoma. No es extraño que muchas personas lleguen a la adultez con ansiedad, baja autoestima o un agotamiento constante por tratar de compensar aquello que nunca entendieron de sí mismas.

Por fortuna, hoy se habla mucho más del TDAH. Eso ha permitido que muchas personas encuentren respuestas, aunque también ha hecho que las redes sociales simplifiquen demasiado un tema complejo. Tener algunos rasgos no significa vivir con un trastorno, si te identificas con varias de estas experiencias, el siguiente paso no es autodiagnosticarte, sino buscar una valoración profesional.

Y si finalmente existe un diagnóstico, tampoco significa que todo esté perdido. Muchas personas con TDAH son profundamente creativas, intuitivas y encuentran soluciones donde otros solo ven obstáculos. Con el acompañamiento adecuado pueden dejar de gastar toda su energía intentando parecer «normales» y empezar a construir una vida desde sus fortalezas.

Quizá ese sea el mensaje más importante de esta fecha: dejemos de llamar flojo a quien probablemente ha pasado toda su vida haciendo un esfuerzo que nunca vimos. Porque un cerebro diferente no es un cerebro roto. Y comprender esa diferencia, muchas veces, es el primer paso para dejar de pelear con uno mismo.

Autor

- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img

Últimas noticias