Sube y baja

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EL PEQUEÑO TIMMY

El pasado fin de semana, el gobierno estatal informó que por fin pondrá orden en el tema de las tarifas y el servicio de taxi en toda la entidad. Un tema que, de consolidarse, podría contarse como un gran acierto para la administración de Julio Menchaca Salazar; sin embargo, el fracaso podría revertir la percepción y quedar en un intento más por evitar la entrada de servicios como Didi y Uber, mientras se protege a los taxistas y las malas mañas que algunos cometen en contra de los usuarios.

La secretaria de Movilidad, Lizbeth Robles Gutiérrez, dijo que la tarifa inicial del servicio de taxi pasaría de 38 a 45 pesos por los primeros cuatro kilómetros y que cada kilómetro adicional costará cuatro pesos; es decir, que en una distancia de seis kilómetros el cobro deberá ser de 53 pesos.

La noticia, a diferencia del incremento de la tarifa del pasaje en las colectivas, generó alegría y esperanza entre los usuarios porque resulta que, cuando la tarifa del taxi oficialmente “sube”, en la realidad sucede todo lo contrario: la tarifa baja ante los abusos que por años han cometido algunos taxistas, a tal grado que actualmente se creía que la tarifa mínima era de 50 o 60 pesos, incluso en distancias menores a los cuatro kilómetros iniciales.

Sin embargo, ahora también hay una expectativa muy alta entre la ciudadanía para que lo prometido se cumpla, ya que el gobierno estatal no solo ha asegurado que la tarifa se respetará, sino que también pondrá orden en el servicio. Robles Gutiérrez destacó que incluso el volumen alto dentro de las unidades quedará prohibido y que, en caso de desacato, se aplicarán las sanciones conforme a la ley.

Tampoco hay que generalizar. Existen taxistas que se caracterizan por su amabilidad, el cobro justo y la honestidad. Aquellos que, hemos sabido, entregan las cosas que los pasajeros olvidan; los que traen bien limpia su unidad; esos que además hacen ameno el viaje con alguna plática trivial y te dan una tarjetita para un servicio futuro (porque, claro está, saben que trabajan bien).

A estas alturas era increíble que un taxista, en lugar de darte una tarifa, te preguntara: “¿Cuánto le cobran?”. Y si decías 50 pesos, te contestaba: “Uy no, deme 60”. En esta simple y sencilla negociación se amparó por años un sistema podrido en el que el taxista cobraba lo que quería, se enojaba si no pagabas lo que decía y encima te insultaba con frases como “tome la combi” o “si no le alcanza, no pida el servicio”. Y eso sin mencionar los abusos cometidos contra gente foránea, turistas y personas cuyo servicio era para acudir a un hospital, porque la emergencia “cuesta más”.

Ojalá que el cambio anunciado por el gobierno estatal sea real y se aplique conforme a la ley; ojalá se ponga un alto definitivo a todos los abusos cometidos por los taxistas y ojalá, asimismo, se garantice un servicio de calidad y a precio justo conforme al tarifario que se acaba de aprobar.

Así como se pide todo esto a los taxistas, ojalá también el estado garantice la seguridad de los trabajadores del volante; ojalá se garantice su derecho a la formalidad, a la seguridad social y a las prestaciones, además de trabajar en conjunto para evitar asaltos, golpizas e incluso asesinatos de gente que cada día sale a trabajar con la intención de llevar el sustento a casa.

Ahora sí que esta subida de precios se ha sentido como una baja al abuso, a las tarifas y al actuar de algunos taxistas. Ojalá así sea y se mantenga esta dinámica en beneficio de la población y del sector. Porque en esta ocasión, cuando el pasaje sube, la gente percibe que está bajando, cuando lo único que ocurre es un acto de justicia para ambos, les guste a todos o no.

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