LIBE-VISION
Por: Dian Quintero
Cuando todavía no sabes hacia dónde vas, cualquier puerta puede parecer demasiado grande. A veces basta con abrirla para descubrir que del otro lado ya había algo esperándote.
Atzel Salinas Morales no llegó a la animación con un mapa trazado. Cuando le preguntan al respecto, habla de suerte y curiosidad. Primero fue la universidad; después, sus prácticas en Guadalajara. Conoció personas y espacios que le mostraron que el camino no siempre exige tener todas las respuestas.
Su formación como ingeniero en animación y VFX lo acercó a un oficio que exige paciencia, precisión y muchas horas de trabajo. Se especializó en clean-up, efectos visuales y animación 2D, hasta encontrar en el stop motion una de sus principales rutas creativas. Su trabajo lo llevó a colaborar con Cinema Fantasma y El Taller del Chucho en proyectos para HBO Max y Adult Swim.
Entonces llegó “Soy Frankelda”, la primera película mexicana realizada en stop motion. Atzel formó parte del equipo como artista de clean-up y VFX, en una producción seleccionada en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara y en Annecy. La experiencia le demostró que podía hacer más de lo que imaginaba y gracias a ello llegaron más proyectos. Participó en Ojitos de Huevo, además de La Cascada y Devotion, y trabajó en campañas para marcas y festivales. Su experiencia se extendió entre la animación, los efectos visuales, el live action y los motion graphics.
Pero una carrera creativa no se construye solamente con talento. También exige tiempo e insistencia. Mientras un proyecto crece, pueden quedar menos horas para la familia, los amigos, una relación o incluso para descansar. Elegir el arte como oficio también implica sacrificios.
Desde la universidad, junto con un grupo de amigos, Atzel tenía ganas de crear algo propio. Las prácticas los llevaron fuera del estado y cada uno acumuló conocimientos distintos. Al volver, esas experiencias encontraron una forma común: Código 2463, una productora audiovisual que nació de la intención de reunir lo aprendido y convertirlo en proyectos propios. Atzel es cofundador y director, y desde ahí explora distintas formas de hacer cine, animación y contenido audiovisual.
La productora continúa en expansión. Algunos de los cortometrajes que han realizado ya han llegado a Argentina, a la Cineteca Nacional de la Ciudad de México y a distintos festivales.
El artista espera nuevos espacios de exhibición para sus cortometrajes. Entre ellos está “El viaje de Azul”, realizado en colaboración con España sobre el cuidado del agua, además de una pieza inspirada en “Little Nightmares” que ya se presentó en el festival Anesit, en Francia. También planea impulsar un festival de animación y cine en Hidalgo, para invitar a personas que ha conocido y traer esas experiencias al estado.
Su historia comenzó sin demasiadas certezas, pero cada paso terminó por abrir una puerta distinta. El miedo no desaparece cuando aparece un camino; vuelve cada vez que surge un reto nuevo.
Por eso, mirar la trayectoria de Atzel no significa encontrar una fórmula para llegar al éxito, sino entender que el rumbo también se construye mientras avanzamos. A veces comienza con una práctica que abre una oportunidad, con una oportunidad que deja un aprendizaje y, poco a poco, con un aprendizaje que se convierte en algo propio.
No siempre sabremos qué hay detrás de la siguiente puerta. A veces, la única manera de encontrar nuestro lugar es abrirla con miedo y descubrir, al otro lado, todo lo que todavía somos capaces de hacer.


